Ser jugadora trans: historias de identidad, discriminación y triunfos - De Taco | Abrimos el juego

“¿Viste cuando sentís que te miran como si fueras sapo de otro pozo, que te miran de reojo? Me sentía mal”, recuerda Cristina Alexandra Rodríguez, la deportista transgénero que jugaba al vóley a escondidas para evitar los prejuicios y la discriminación.

Cristina debió recurrir al INADI para ser aceptada en los torneos de vóley femenino de la provincia de Chaco, donde hoy juega en la categoría maxi -mayores de 30 años- con el apoyo de jugadoras y organizadores.

El deporte no escapa a la extensa lista de obstáculos que deben superar las mujeres trans. Y a los desafíos habituales se suman las dudas y las suspicacias en torno a su rendimiento deportivo en el ámbito femenino.

La historia trans de Cristina se remonta a su niñez, cuando ya sentía que era una mujer atrapada en un cuerpo de hombre. A los 17 años se fue de su casa y empezó de a poco con las transformaciones, que llevaron años. Probó vivir en Buenos Aires, trabajó como peluquera, repartió volantes, hasta que decidió regresar al Chaco y por concurso ganó uno de los dos cupos laborales trans en la Municipalidad de Resistencia.

Todo parecía encausado cuando su deseo de regresar al deporte le planteó nuevos desafíos. “En la sociedad nunca me sentí discriminada, siempre sé hasta dónde puedo llegar y con quien me tengo que juntar”, sostiene Cristina en una entrevista con De Taco. Su nuevo equipo de vóley la contenía, pero jugar partidos oficiales no resultaba tan sencillo.

“Chicas de otros clubes se quejaron. No querían que yo juegue, me limitaban y no querían que rematara, pedían que sólo juegue de líbero. Una se quejó de que yo pegué muy fuerte, pero era mentira porque siempre fui una jugadora mediocre”, asegura la mujer de 47 años.

Luego aparecieron carteles anónimos en los vestuarios de los clubes: “Las mujeres orinamos sentadas; los hombres, parados. ¿Las trans cómo hacen?”.

“Fue una discriminación”, sostiene. Cristina denunció a unas jugadoras  rivales que habían pedido su exclusión del torneo ante el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI). Las voleibolistas fueron citadas a declarar, debieron retractarse de sus ofensas y el caso sentó precedencia en el Chaco abriendo las puertas del deporte a todas las mujeres trans.

“Luchen por lo que quieren, hoy todos somos iguales, ya basta de discriminación. Si yo lo logré con poquito, todas lo pueden hacer. Luchen por lo que sueñan”, recomienda Cristina a las deportistas transgénero que hoy buscan su lugar en diversas disciplinas. Y con satisfacción recuerda que su lucha permitió que una voleibolista trans de Formosa pudiera competir en Chaco. “Ella me lo agradeció después de un partido. ‘Tuviste los huevos bien grandes para enfrentar todo esto’, me dijo”.

Victoria Liendro

La activista Victoria Liendro luchó para poder jugar la Liga Femenina de hockey en Salta. Foto: Gentileza Victoria Liendro

Victoria Liendro también sabe de los desafíos que debe superar a diario una mujer trans. Y los prejuicios que hay particularmente en el deporte.  “Me sentía incómoda en los equipos de varones. Muchas dejamos los lugares de esparcimiento para encerrarnos o negociamos nuestra permanencia a través del silencio. Fuimos expulsadas de los lugares comunes”, relata a De Taco desde la ciudad de Salta.

La ley de identidad de género de 2012 cambió definitivamente su vida y Victoria dejó de esconderse para salir a explorar el mundo. Y eso incluyó también el deporte.

“En 2015 decidí volver a jugar al hockey, sabiendo que en Salta es un deporte elitista. Empecé en la segunda, con un grupo de mujeres que me aceptó sin problemas. Pero la Asociación Salteña de Hockey me negó la posibilidad de jugar en base a una circular de 2012 en la que le habían negado a una chica trans integrar los equipos nacionales”, recuerda.

Pero con la ley promulgada bajo el brazo, Victoria no se quedó callada y acudió a la oficina de Personería Jurídica de la provincia para reclamar que las asociaciones civiles incluyeran en sus estatutos el principio de igualdad y no discriminación. “Me planteaban la diferencia corporal, la ventaja deportiva. Empezaron a decir que yo tenía la fuerza de un hombre, que podía disparar un córner corto a 200 kilómetros por hora, o quebrar a una jugadora si había contacto físico”, dice.

No hizo falta llegar a la Justicia. Ante la posibilidad de perder la personería jurídica, la asociación local finalmente la autorizó a jugar, pero le pidió que se hiciera análisis hormonales, de acuerdo al nuevo planteo del Comité Olímpico Internacional (COI).

Desde 2016, el COI permite la participación de hombres transgéneros sin restricciones. En el caso de las mujeres, en tanto, sus valores hormonales de testosterona tienen que estar por debajo de los 10 nanomoles por litro de sangre para poder competir. “Pero eso es para deportistas olímpicas, no para una deportista amateur como yo, que compite en la segunda división de hockey con las mamis”, protesta Victoria, que trabaja en la Subsecretaría de Políticas de Género de la provincia.

La canadiense Rachel Mckinnon, la primera mujer trans en coronarse campeona mundial en ciclismo en pista, niega que haber nacido hombre le dé ventaja deportiva. “La relación entre producir testosterona y el rendimiento no es lo que la gente cree”, sostuvo luego de recibir críticas de sus propias competidoras.

Tiffany Abreu se luce en el voleibol brasileño. La jugadora trans, que antes jugaba en la segunda división masculina de Bélgica, batió récords de puntos en sus partidos, pero al igual que Mckinnon, descartó que esto se vincule con el hecho de haber nacido hombre: “Siempre fui muy buena puntuadora, pero ahora la fuerza es de una chica, no de hombre. Si tuviera la fuerza de antes, no haría 30 puntos, sino 6.000”.

El escándalo creció hace unos meses cuando la ex tenista Martina Navratilova hizo fuertes declaraciones en contra de las deportistas trans, que le valieron duras críticas por “transfóbica”. Navratilova, quien en 1981 rompió los esquemas al revelar que era lesbiana y desde entonces es una férrea defensora de los derechos de la comunidad gay, aclaró que no quiso ofender a las deportistas transgénero y se dedicó a estudiar el tema.

Poco después, en vez de retroceder, endureció aun más su posición.  «La simple reducción de los niveles hormonales (como exigen los reglamentos) no resuelve el problema. Un hombre desarrolla la densidad muscular y ósea, así como un mayor número de glóbulos rojos que transportan oxígeno, desde la infancia», sostuvo la tenista checa.

Caster Semenya

En los Juegos Olímpicos de Londres 2012 la sudafricana Caster Semenya fue segunda en los 800m, pero 5 años más tarde le dieron la dorada por dóping de la campeona, Mariya Savinova (RUS).

El debate va más allá de las mujeres trans, como el caso de la atleta sudafricana Caster Semenya.

La deportista de 28 años, dos veces campeona olímpica y triple campeona mundial en los 800 metros, padece una anomalía cromosómica, no tiene útero ni ovarios pero sí testículos internos. El reglamento de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) obliga a las atletas hiperandróginas a bajar sus niveles de testosterona para poder competir en pruebas de medio fondo, entre otras.

Semenya, que asegura no haberse sentido apoyada por las mujeres en sus reclamos, acusó semanas atrás a la IAAF de haberla utilizado como “conejillo de Indias” en el pasado con el tratamiento para reducir sus niveles de testosterona. Decidió apelar ante la Justicia el nuevo reglamento, logró que las regulaciones impuestas por la IAAF se levantaran temporalmente, pero un nuevo revés judicial dejó sin efecto esta suspensión. La sudafricana no podrá defender su título de 800 metros en el Mundial de Doha. Otra historia sobre identidad, los derechos sobre el propio cuerpo y triunfos y derrotas que van más allá del deporte.