David Abraham: "Por mi hijo, me gustaría volver a jugar en Argentina" - De Taco | Abrimos el juego

David Abraham jugó su último partido en Independiente hace 13 años, y nunca más volvió a pisar una cancha argentina. Pasó por el Nástic de Tarragona, estuvo en el Basilea suizo, regresó a España para jugar en Getafe y finalmente aterrizó en Alemania para integrarse a las filas del Hoffenheim primero, y del Eintracht Frankfurt después. Actualmente es capitán y emblema de este último equipo, con el que ganó la Copa de Alemania en 2018 y fue semifinalista de la Europa League en 2019.

Hoy volverá a sentir la adrenalina de jugar un partido (13:30hs vs Borussia Mönchengladbach), aunque en esta oportunidad no habrá público en el estadio. La Bundesliga, con un estricto protocolo sanitario, es la primera competición importante del fútbol mundial en reanudarse tras un parate de 2 meses por el coronavirus. Una situación impensable al momento de realizarse esta entrevista en un café abarrotado de gente en la capital financiera de Europa.

Llama la atención la absoluta tranquilidad con la que se desenvuelven los jugadores del equipo alemán, que aparecen de a uno en el café para desayunar, sin que nadie se les acerque.

-¿Hacen vida normal ustedes o en la calle los abordan?

-No, ¡es siempre así! No hay ningún problema. La gente a lo mejor te mira pero no te dicen nada. Quizás te piden una foto… y jamás te van a insultar.

-¿Ni cuando estaban luchando por no descender, o pasaron por situaciones comprometidas?

-No, nada. Nunca. Te respetan 100%.

-La hinchada del Eintracht Frankfurt acompaña siempre. ¿Tienen vínculo directo con ellos?

-Sí. Hay 2 o 3 que siempre vienen, pero bien. No es que vienen a apretar. Son gente normal, que es fanática de un equipo, y que vos podés estar hablando mientras tomás un café. Y no se habla solo de fútbol… por ahí te ponés a hablar de cualquier otra cosa. Y después van a los partidos y alientan a full. Es increíble. A Milán (NdR: En marzo de 2019 se enfrentaron al Inter por la Europa League) fueron como 15 mil personas. Me acuerdo de que me llamó (Walter) Samuel, que estaba en la ciudad y me dijo que no podía creer lo que veía.

-El hincha alemán es particular, es una liga muy despareja en cuanto a que siempre son los mismos los que ganan, pero sin embargo las canchas están siempre llenas…

-Es que es una tradición ir a la cancha acá. Es algo de familia. Cuando vas en el colectivo ves a las familias, padres con hijos… acá vienen a disfrutar, como un programa. No vienen a descargar frustraciones. Acá vienen, se toman una cerveza y se quedan disfrutando del espectáculo, del deporte. Llegan 3 horas antes, y se quedan después del partido afuera, tomando cerveza, comiendo. Lo que le gusta a la gente acá es esa tradición del fútbol, ir con tu familia, disfrutar de la pasión que es todo esto.

-¿Te critican en redes sociales?

-Sí, recibo puteadas. Pero no de mi equipo. Me acuerdo de una cuando jugué contra el Bayern, que tuve un encontronazo con Lewandowski. Ahí me empezaron a insultar.

-¿Qué onda con Lewandowski?

-¡Nada, todo bien! Es dentro de la cancha el roce, es el juego. Si fuera mi hermano también le pegaría. No porque sea un amigo o un familiar voy a dejar de ir fuerte. Siempre fuerte, pero jamás iría a romper a un rival. Hablo del juego en sí. A veces lo levantás un poco…a mi hermano también, si está ahí de espaldas y le puedo meter, le meto. Un codazo, algo. Que le duela, nada más, ya está. La de Lewandowski fue más o menos así, pero lo corté. Me puteó, pero ya había hecho 3 goles… qué querés. Estábamos perdiendo. Me acuerdo de que fue una jugada, viste esas pelotas aéreas, él viene, me choca, yo le quise meter el brazo para sacarlo, y con el codo lo corté. Y bueno, fue solo un poquito de sangre.

-¿El alemán lo aprendiste en Basilea?

-No, ahí me manejaba en italiano porque era el idioma que podía aprender más rápido. Además los suizos hablan muchos idiomas. En el vestuario éramos 4 argentinos, 2 brasileños, 1 portugués, más 4 ó 5 suizos que hablaban español. El entrenador, Christian Gross, daba la charla en alemán, en inglés, en francés y en español. También el presidente hablaba inglés, francés y alemán, pero como el club contrataba muchos sudamericanos dijo: “voy a tratar de aprender español”. Ponele que eso lo dijo en noviembre, ¡cuando llegó enero ya era bilingüe! (risas) Me decía “he tomado muchas clases” y yo “¿pero cuándo?” En 3 meses hablaba español el tipo. Increíble.

-¿O sea que ahí no te hizo falta aprender alemán?

-No, porque mucha gente hablaba italiano. Me manejaba así en el día a día. Sí iba aprendiendo algunas cosas en alemán de escuchar, pero el alemán en Suiza es diferente. A mí me hacían aprender alemán pero con un profe alemán, y cuando salía a la calle no entendía nada.

-Acá en Alemania según qué región pasa un poco lo mismo…

-¡Sí! Hay un entrenador de arqueros que a veces cuando habla me lo quedo mirando y pienso “¿qué dijo?” Y los demás me miran y dicen “tranquilo, yo tampoco entendí nada” (risas).

-¿Tuviste relación con Roger Federer cuando estabas en Basilea?

-Lo conocí. Porque en octubre que hay fecha de Europa siempre está el ATP de Basilea.  Y él cuando había partido de Champions nos venía a ver. Venía al vestuario. Me acuerdo de la primera vez, que cuando salí de ducharme estaba ahí Federer. ¡No lo podía creer!

-¿Cómo es?

-Re normal, perfil bajo. Muy tranquilo. Y en mi último año en Basilea nos invitó a ver un entrenamiento. Porque el estadio de fútbol está justo enfrente del de tenis. Así que nos sacamos fotos, estaba entrenando con Wawrinka. El segundo año, como yo ya sabía que iba a ir me llevé remeras para firmar y me dice “¡Ah, te viniste preparado!” (risas) La verdad que muy bien. Nos preguntó si necesitábamos algo, si queríamos entradas.

-¿Qué recuerdos tenés de tus inicios en el fútbol?

Me acuerdo de cuando me fui a probar a Newell’s, que quedé, pero me tenía que ir a vivir allá porque mi colegio era a la tarde y a esa hora se entrenaba. No quise y mi familia respetó la decisión. Dos años después me fui a Buenos Aires.

-De tu pueblo, Chabás, hay otro personaje del fútbol que es Héctor Cúper…

-¡Sí, jugó con mi papá! Se fueron a probar juntos a Ferro. Mi viejo quedó y Cúper no. Y mi viejo les dice que estaban los 2 juntos, que hicieran otra prueba. La hicieron y quedaron. Pero cuando Ferro fue a buscar el pase de mi viejo a Chabás, mi nono dijo que no. Que adónde iba a ir. Aparte mi viejo tenía alergias, asma, así que mi nono le dijo que no se fuera. Cúper se quedó y mi viejo se volvió al pueblo.

-¿Cómo llegaste a Independiente?

-Néstor Clausen era el coordinador de las inferiores, y el papá de Clausen vivía en mi pueblo. Yo jugaba en Casilda, pero el día del padre justo me tocó jugar contra Chabás. Clausen fue a ver el partido, y resulta que el mejor amigo de él es amigo de mi viejo. Le dice: “miralo a ese, es el hijo del colorado Abraham”. Y Clausen le dijo que me preguntara si quería ir en las vacaciones de invierno a hacer unas pruebas a Independiente. Fui, yo jugaba de 5 pero corría para todos lados. Clausen me pregunta de qué jugaba, y yo le digo que de 5 o de central. Y me dice: “probate de central porque tenes más chances. En tu categoría no hay, faltan en ese puesto”. Quedé, y a los 2 años debute en Primera.

-¿Cómo tomó tu familia la decisión de irte? Porque tenías solo 15 años.

-Y, en mi casa era todo fútbol. Mi hermano a los 16 se había ido a Renato Cesarini, siempre quisimos jugar al fútbol todos. Mi papá también había intentado, y si bien nunca se lo pregunté, quizás no quiso hacer lo mismo que su padre, que no lo dejó irse.

-¿En algún momento pensaste en volverte?

-No. Lo hacía porque realmente me gustaba. Vivir en la pensión también es lindo. Estaba con (Oscar) Ustari, (Fabián) Assmann, (Adrián) Gabbarini, estábamos todos juntos. Después llegó ‘Chuco’ Sosa. Y volvía al pueblo una vez por mes. Así que no fue difícil. Me quede ahí 2 años y medio. Debuté en Primera, el primer año me fue bien. El segundo salgo campeón con la sub 20. Y después ya empecé a salir de noche, el autito y todas esas boludeces…

-Tu debut en la Primera de Independiente fue a los 17, ¿te mareaste?

-¡Sí! Yo me fui porque me di cuenta de que no podía seguir. El último año estuve lesionado como 7 meses.

-Y apenas arrancaste la prensa te bautizó como el “sucesor de Gaby Milito”. ¿A vos eso te confundió?

-No apenas debuté. Pero después, con los meses y momentos donde jugué bastante bien, ahí sí. Me confundí. Como que pensás que con 18 años ya tenés el futuro asegurado. Y justo me llamaron de la selección sub 20, fueron muchas cosas. Ahí te empezás a confundir un poco. Por la prensa, yo creo que te mata eso en Argentina.

-¿No tuviste a nadie que te bajara a la realidad?

-Es que yo no soy de demostrar mucho. Pero sí por ejemplo iba a programas de televisión. Mi familia, al ser de pueblo, no lo veía mal… me miraban en la tele, se ponían contentos. Yo creo que internamente eso te confunde. En Argentina antes salías del vestuario y tenías 15 periodistas. Era hablar todos los días.

-¿Cómo se dio tu llegada a Europa?

-Viene Troglio a Independiente y me dice que no iba a contar conmigo. Me lo dijo de una, así que perfecto. El fútbol es así: si no servís, no servís (para ese entrenador).

-¿Por qué al Nástic de Tarragona, puntualmente?

-El año anterior a irme el Nástic estaba en Primera y había llegado una oferta, pero (Jorge) Burruchaga dijo que no. “¿A qué te vas a ir al Nástic? Que esto, que lo otro”. Yo me quería ir porque era jugar en Primera de España. Me quedé, pero después no jugaba. Se fue Burruchaga, llegó (Pepé) Santoro. Esas cosas de que jugás y no jugás, un fastidio. Los del Nástic quedaron a la expectativa, y descendieron. Cuando viene Troglio y me dice eso, justo llega otra vez la oferta, pero ahí si me fui. Quería salir de Argentina, tenía 20 años. Necesitaba salir. Por no entender lo que tenía que hacer, que era entrenar, jugar al fútbol y ser profesional. Cuando llegué a España y me hicieron las mediciones me dijeron: “tenés que bajar 4 puntos de grasa”. Mi hermano, que estaba en Mallorca, se vino a vivir conmigo un año y me empezó a cocinar. ¡Sabés lo que era a la noche comer ensalada! Porque todo era súper estricto, me pesaban 3 veces por semana y me hacían mediciones una vez al mes. Si estabas excedido 3 veces, no entrabas en la convocatoria.

-¿Te servía lo que hacías?

-Creo que me sirvió. Mejoré un montón la alimentación. Cuando vivía solo comía milanesas, papas fritas… estamos hablando de 2005. Ahora tenés viandas saludables, tenés mucho más acceso a la información. Nosotros teníamos una nutricionista pero no le dábamos bola. Hace 10 años era todo distinto. El fútbol creció mucho a nivel de profesionalismo. Yo allá me cocinaba, pero me hacía milanesas. O agarraba los cappeletini, le metía crema, un caldito y ya. Merendaba un paquete de galletitas…

-¿Tenés ganas de volverte a Argentina?

-Sí, por mi hijo.

-¿Tuviste ofertas?

-Independiente siempre me quiso pero yo estaba muy bien jugando acá en Europa. Ahora con mi nene viviendo allá, quisiera volver. Acá tengo contrato hasta 2021. Y no jugaría en otro club en Europa que no sea el Eintracht Frankfurt.

-¿Y si viene el Barcelona?
-Tampoco. No por hipócrita pero es la verdad.

-¿Por qué?

-Es que no va a venir el Barcelona (risas).

-¿De volver sería a Independiente?

-Independiente siempre estuvo, cuando estuvo Holan me quería. Pero no sé, ya veré las ofertas que haya en Argentina, y que más me conmuevan deportivamente. Qué proyecto hay, qué quiere el club. Tampoco me gustaría ir a un club que esté desorganizado, no en lo económico, sino que no tenga una idea clara. Que piense en un proyecto. O entrenadores que tengan eso, un estilo diferente. Viste que los nuevos entrenadores se están metiendo, me gusta eso. Ese estilo, de arriesgar. Holan me gustaba también.

A David Abraham le preguntaron en Instagram si prefería a River o a Boca; respondió «Independiente», junto a una foto de niño con una torta que tenía el escudo del club.