El precio de ganar: la historia de Andreas Krieger - De Taco | Abrimos el juego

Es el año 2000. Un hombre sostiene una foto en un Tribunal de Berlín. Se acerca al juez y le dice: “Antes de empezar quisiera mostrar una foto. Esta persona que usted ve, no existe más. Está muerta”. El hombre es Andreas Krieger. Y en la foto aparece Heidi, exatleta de Alemania del Este (RDA) y la persona que Andreas decidió dejar de ser pocos años antes.

Heidi nació en Berlín Este en 1966. Su primer contacto con el deporte fue a los diez años, cuando acompañó a un amigo a practicar atletismo fuera de la escuela. Su rápida evolución hizo que a los 14 ingresara en una Escuela de Deportes para la Infancia y la Juventud (las KJS por sus siglas en alemán), un modelo importado de la ex Unión Soviética, donde se desarrollaban y aplicaban métodos para la mejora del rendimiento deportivo. La escuela a la cual acudía Heidi estaba asociada al poderoso club SC Dynamo, dirigido por los servicios secretos alemanes.

Fue en ese centro de entrenamiento donde Heidi comenzó a recibir suplementos vitamínicos y, cuando tenía 16 años, su entrenador empezó a suministrarle además unas pastillas azules que llegaban envueltas en papel de aluminio: el famoso Oral-Turinabol, un esteroide anabolizante desarrollado por la compañía farmacéutica VEB Jenapharm. La mejora de su rendimiento la hacía sentirse valorada por pares y superiores: “A través de mis logros deportivos obtuve el reconocimiento que buscaba. Eso me hizo sentir parte de un grupo. Pero, lo que ganaba adentro del gimnasio, lo perdía una vez afuera”, aseguró en la entrevista que le realizaron para el corto autobiográfico ‘El mayor lanzamiento de Andreas Krieger’.

El Oral-Turinabol surgió del Plan Estatal 14.25, en el cual trabajaron más de 1800 científicos. El objetivo era mejorar el rendimiento deportivo de los atletas de la RDA, para mostrarse al mundo y  probar el éxito del modelo socialista. En efecto, en solo cinco participaciones en Juegos Olímpicos de Verano entre 1968 y 1988, la RDA obtuvo 519 medallas (Argentina en 24 ediciones consiguió 74).

A través del deporte, Heidi logró ciertos privilegios, como viajar al extranjero o tener una vivienda propia a temprana edad. No objetaba el consumo de las sustancias que le proporcionaban (Oral-Turinabol combinado con las pastillas anticonceptivas), que además de incrementar su musculatura, agravaron su voz, hicieron crecer su vello e incluso modificaron sus órganos genitales. En solo dos años pasó de pesar 69 a 105kg, distribuidos en sus 1.85mts de altura.

La transformación física provocó miradas y comentarios despectivos. En las calles de Berlín le gritaban homosexual, quienes la veían acercarse susurraban “ahí viene Heidi-hormona”, y una vez en un tren, en presencia de su madre, la llamaron ‘drag queen’*, por lo que decidió nunca más usar una pollera. También le pasó de preguntar por el baño en un aeropuerto y que le indicaran cómo llegar al de caballeros. Heidi se sentía incómoda, pero no lograba entender por qué. Solo notaba que no encajaba en los “grupos de chicas”.

Heidi Krieger y su entrenador

De los 16 a los 18 años Heidi pasó de 69 a 105kg, incrementó su musculatura y se le agravó la voz.

En 1986 obtuvo su mayor logro deportivo al coronarse campeona europea de lanzamiento de bala en Stuttgart. Ese año se le suministraron 2590 miligramos de Oral-Turinabol, es decir, 1000 miligramos más de hormonas masculinas que las detectadas en el organismo de Ben Johnson cuando fue suspendido tras ganar la final de los 100 metros en Seúl 88.

Las drogas y las metodologías de entrenamiento afectaron psicológica y físicamente a la atleta alemana. El deterioro en sus articulaciones, producto del levantamiento de pesas, la obligaron a retirarse a los 26 años.

No le resultó fácil dejar atrás el alto rendimiento y, sumida en una depresión, intentó suicidarse en 1994. Seguía teniendo dudas sobre quién era realmente. Fue un compañero de trabajo quien, en 1995, le explicó lo que le estaba pasando: “se llama transexualidad”. Heidi lloró “por alivio, por nervios, por enfrentar la realidad”.

Cree que la decisión de realizar una cirugía de reasignación de sexo en 1997 para empezar a vivir como Andreas Krieger le salvó la vida. El proceso duró tres años, aunque todavía debe medicarse cada tres semanas. Lamenta no haber podido hacer la transición sin el abuso de las sustancias que se le suministraban, ya que asegura haber experimentado disforia de género antes de ser dopada: “La decisión sobre mi identidad sexual me fue robada”.

En la actualidad, Andreas vive junto a su esposa, Ute Krause, en la ciudad de Magdeburg. A Krause, ex nadadora de la RDA, la conoció en aquel tribunal que pisó en el año 2000 cuando se demandó a los oficiales deportivos responsables de dopar sistemáticamente a más de 10000 deportistas de élite. Aunque culpables, ninguno ha pasado un solo día en la cárcel. A pesar de ello, Andreas prefiere no ser una “víctima eterna” y opta por vivir su vida “con normalidad”.

Aquella medalla dorada que ganó en 1986 hoy se usa para galardonar a los alemanes que se involucran en la lucha contra el dopaje. Viene adentro de una caja con forma hexagonal, la misma estructura molecular del Oral-Turinabol: “Sería fantástico que mi historia sirviera para salvar a otros atletas del dopaje”, aseguró Krieger.

*Drag queen: artista o cantante masculino que actúa vestido con atuendos propios de mujer.

Andreas se casó en 2002 con Ute Krause, ex nadadora y también víctima del dopaje sistemático en la RDA.