El movimiento feminista llegó al deporte argentino - De Taco | Abrimos el juego

Entrenar, jugar y rendir. Esas eran las premisas insoslayables con las que se asociaban a los deportistas en un pasado no tan lejano. Pero en el deporte femenino, algo cambió. En 2019, la (semi) profesionalización del fútbol femenino dio impulso a una ola cuyo horizonte parece no tener límite. Un reclamo histórico se convirtió en hashtag. Un hashtag en una causa. Y esa causa se transformó en una conquista colectiva que marcó un hito para las mujeres deportistas en Argentina.

A comienzos de 2020, ex y actuales jugadoras de vóley se hicieron escuchar al desnudar diferencias disparatadas en relación a la rama masculina y así exigir el reconocimiento de sus derechos laborales. Y sólo hace algunos días, integrantes de Las Gigantes, la Selección femenina de básquet, se plantaron y difundieron un comunicado ante el desamparo económico de la Confederación Argentina de Básquet a raíz de la crisis económica desatada por la pandemia.

No es un detalle. Somos testigos de un cambio paradigmático del rol político del deporte en el entramado social. Ante el hartazgo por la desigualdad y la discriminación, las mismas deportistas deciden ser las protagonistas de la transformación, con una particularidad: la militancia colectiva. Y las demandas de estas agrupaciones no sólo adquieren relevancia mediática, sino que empiezan a recibir respuesta por parte de las instituciones.

De esta manera, se empieza a hablar de movimientos feministas en el deporte argentino y este fenómeno abre el juego a algunos interrogantes: ¿Qué particularidades del contexto social y político propician que se desarrollen estas prácticas? ¿Por qué se generan de manera colectiva? ¿Es posible hablar de sujetas deportistas?

«El derecho al deporte se convierte en un objeto de disputa. Históricamente el varón ha estado en el centro como modelo de deportista. Estos son los sentidos que se empiezan a resquebrajar. Lo que viene sucediendo tiene que ver con un reclamo por el derecho a que todos los géneros tengan las mismas posibilidades de acceder al deporte: poder practicarlo, gestionarlo, regularlo. Estas desigualdades son comunes», indicó la socióloga Julia Hang, investigadora del CONICET que además de ser nadadora máster, investiga sobre mujeres y política en el ámbito del deporte.

En nuestro país, la disputa de estos espacios existían pero de forma aislada. El camino del fútbol femenino con figuras como Mónica Santino -entrenadora y exjugadora- quizás sea la referencia histórica más importante del trabajo de la militancia en los barrios. Lo que ocurre actualmente es que las demandas de las deportistas comienzan a alcanzar masividad, y en ese sentido la organización colectiva cobra una relevancia clave: «El trabajo en red permite el reconocimiento y esto es muy importante. El reclamo individual no basta, porque además es más fácil de neutralizar. Hay un diálogo constante entre las diferentes protagonistas. Se escuchan a las que han luchado antes que ellas. Esto se da entre deportistas, periodistas, historiadoras, personas vinculadas a las ciencias sociales, militantes, dirigentas», recalcó Hang.

Sujetas deportistas

En 2019, el Colectivo Deportistas Argentinas llevó a cabo un pañuelazo para sumarse a la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito en la puerta del CeNARD. Esta iniciativa estuvo a cargo de Camila Argüelles, tenista de mesa de la selección nacional, nacida en Francia pero nacionalizada argentina. La idea inicial era llevar a cabo esta manifestación en los Juegos Panamericanos de Lima, pero finalmente no se pudo concretar. «Cami» reflexiona sobre esta nueva generación de deportistas militantes refiriéndose a ellas como ‘sujetas deportistas’: «Hay un cliché que dice que el deportista es medio bruto, que no entiende nada de política. Cuando ves que hay gente que defiende tus convicciones aunque no estés involucrada, te dan ganas de hacer cosas. Es un efecto medio bola de nieve positivo. Eso te da ganas de empezar a militar, de involucrarte», le comentó a De Taco.

El debate en el Congreso por la legalización del aborto en 2018 y las manifestaciones masivas impulsadas por el Movimiento Ni Una Menos en 2015 propiciaron un escenario de empoderamiento de las mujeres en distintos ámbitos y el deporte no fue una excepción. Además, por primera vez en la historia, Argentina cuenta con una mujer al frente de la Secretaría de Deportes, la exjugadora de hockey Inés Arrondo. Tal como plantea Hang, existe una reconversión de demandas históricas en problemas públicos que adquiere legitimidad, masividad y transversalidad.

¿Por qué el deporte se convierte en un espacio político? ¿Qué rol asumen estas agrupaciones dentro del deporte? «El deporte es mucho más que la diversión y la competencia: es inclusión, salud, educación, disciplina», comenta Camila Argüelles quien también es hija de exiliados y por ello la política siempre estuvo presente en su vida.

«El pueblo somos las pibas»

Por su parte, Agustina Boyezuk es una de las integrantes del Colectivo Doble Cambio. La actual jugadora de vóley en Estudiantes es también profesora de educación física y lleva a cabo de manera paralela el proyecto «Brujas en las Canchas»: un espacio que desarrolla en la Dirección de Deportes de la UNLP, que trata de distintas actividades que invitan a repensar y reconstruir la figura de la mujer en el ámbito deportivo.

El Colectivo Doble Cambio es un espacio que nació en el vóley a través de la demanda por la profesionalización de la rama femenina con sus consecuentes mejoras que transversalizan el ámbito deportivo. Para Boyezuk, el colectivo se convirtió en un espacio particular en la escena política del deporte: «Lo que nos diferencia de otros espacios es que denunciamos con argumentos fuertes. Tenemos propuestas que no las podemos llevar a cabo porque no nos encontramos en esos espacios de poder, pero sí tenemos soluciones para nuestros reclamos».

El vóley argentino era uno de los tantos deportes «apolíticos». Según las integrantes de esta agrupación, el espacio se convirtió en un ámbito de formación, no sólo para quienes se asumen como integrantes, sino para quienes empiezan a identificarse y adhieren para empezar a replicar las actividades en sus entornos (federaciones, clubes, escuelas, familias y ámbitos laborales).

«Tenemos mucho que decir y hacer en el vóley. En el deporte no hay nada como política pública institucional. Se tiene que terminar la violencia, el abuso de poder. Entonces en esa necesidad donde hay ausencia del estado, está el pueblo, y el pueblo somos las pibas», concluye Agustina.