Padres en el tenis, el calvario detrás del éxito - De Taco | Abrimos el juego

La vida de los deportistas va más allá de un título, un festejo y hasta de una lesión. A veces, detrás de las lágrimas de felicidad, existen llantos por tristeza, enojo, decepción o vergüenza. Es el caso de más de una tenista como Steffi Graf, Jelena Dokic o Jennifer Capriati, quienes tuvieron que atravesar momentos difíciles con un protagonista en común: su padre. Malos manejos económicos, maltratos, insultos o golpes. El mundo del tenis abarca muchos casos de este tipo, principalmente en el circuito femenino. Desde padres que ven a sus hijas como “máquinas de dinero” hasta palizas por perder en una competición o regímenes militares para tenerlas controladas. Sin ir más lejos, a fines de mayo se dio a conocer en La Nación un caso que involucra al padre de Mariana y Guillermo Pérez Roldán, quien fue acusado por sus propios hijos. En 1988, ella se lesionó durante Roland Garros, jugó un partido con la rodilla rota, su padre no la cuidó y terminó su carrera de manera abrupta y prematura.

Jennifer Capriati, norteamericana que comenzó a dar sus primeros pasos en el tenis profesional a los 14 años, fue sometida por su padre y en ese entonces entrenador, Stefano Capriati. Sin amistades, nada de salir de fiesta o actividades que no tuvieran que ver con el deporte y más. A sus 16 años, conquistó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, tras vencer a Steffi Graf, pero lo que vino después de eso fue una historia totalmente distinta. Resultados adversos, drogas, malas compañías, el divorcio de sus padres y hasta un intento de suicidio. Luego de todo esto, ingresó a un centro de desintoxicación, rompió toda relación con su padre y volvió al circuito a los 20 años para después ganar varios títulos y llegar al número uno del ranking.

La vida de Jelena Dokic, australiana de origen croata, también es desgarradora. Llegó a ser cuarta en el ranking mundial y ganó seis torneos WTA en singles, pero detrás de todo eso, algo sucedía. En 2014 y tres años después de su retiro, publicó su autobiografía denominada «Indestructible», donde confesó todos los maltratos que recibió de su padre. Desde insultos y castigos hasta una paliza que casi la deja inconsciente en el 2000. «El golpe en la cabeza me hizo caer y, mientras estaba tendida en el suelo, comenzó a patearme», describió. Es una de las tantas situaciones que vivió en ese «infierno» que casi la lleva al suicidio y que le dejó secuelas como ansiedad, aumento de peso y depresión. Hoy, a sus 34 años, sigue batallando: «Todavía es difícil encontrar el equilibrio a veces, pero lucho, creo y no me rindo. No importa cuántas veces te caigas, importa cuántas te levantes y vuelvas a intentarlo», reconoció. Además, admitió: «Intenté que las cosas fueran mejor, pero no es fácil. No creo que él entienda las cosas que ha hecho. No pienso que se haga responsable».

Otra que tampoco tuvo una historia fácil fue Mirjana Lucic, quien llegó a ganar el Abierto de Australia junto a Martina Hingis en 1998. Su padre, Marinko, la maltrataba después de cada partido con golpes o gritos. Tras diez años de terror, huyó junto a su madre y sus hermanos a Estados Unidos. Tuvo que reconstruir su vida debido a que no contaba con dinero porque, según acusó, su padre le había robado gran cantidad de premios económicos. En 2017, con 34 años, logró llegar a la semifinal del Open de Australia.

Tampoco no olvidamos de Mary Pierce, la francesa campeona de dos Grand Slam y ex número 3 del mundo. Una gran carrera con un inicio desgarrador. Su padre y entrenador hasta los 18 años, Jim Pierce, tuvo comportamientos violentos cuando su hija se equivocaba o perdía. Maltratos psicológicos y físicos junto a hechos despreciables en público como quitarle los lentes de una bofetada, todas situaciones que lo convirtieron en el primer «padre indeseable» para la Asociación de Jugadores Profesionales. Ella contó que fueron años difíciles los cuales supo superar junto a su madre, hermano y la religión, que ella admite la ayudó a perdonar a su papá.

Aravane Rezaï tuvo que pasar años de su carrera con un padre agresivo, Arsalan. Ella confesó que muchas veces la hizo llorar en los entrenamientos y hasta la obligó a trabajar bajo malas condiciones. Pero los hechos no sucedían sólo en privado: llegó a agredir a padres de otras tenistas. En 2011 lo denunció por acoso, violencia, amenazas de muerte y estafa. Además, pasó un gran tiempo alejada de toda su familia.

Un caso diferente es el de Steffi Graf, para muchos, la mejor tenista de la historia. Su progenitor, Peter Graf, era su entrenador, manager y quien controlaba todo. Además, fue quien impulsó su carrera: número uno en varias ocasiones y múltiple campeona de Grand Slam. Sin embargo, a principios de los 90, aparecieron los conflictos. Además de su mal carácter y problemas con el alcohol, tuvo que pagar una suma millonaria para ocultar una relación extramatrimonial con una modelo y fue condenado a tres años y nueve meses de prisión por evasión fiscal. Esto trajo como consecuencia el divorcio con su mujer y el alejamiento de su hija.

Algunas sufrieron golpes, otras se sintieron traicionadas, hay también quienes perdonaron y las que no lo hicieron. Tan sólo unos casos fueron mencionados, pero la lista es larga. A veces, la imagen de la familia unida y feliz es eso, una imagen para tapar la verdad.