Una alemana en La Falda: Rebecca Schuster, la hija del "Ángel Rubio" - De Taco | Abrimos el juego

Si bien nació en España, es alemana hasta la médula. Hija de un histórico futbolista, Bernd Schuster, y mujer de otro exjugador, Juan Maldonado, no niega en absoluto que ama, vive y respira el fútbol. Apodada “la Gringa” en el pueblo cordobés, amante del mate y el asado, Rebecca asegura: “Ya me identifico como argentina por más que sea extranjera”. Es madre de Sami, de seis años, también apasionado por la pelota. Era de esperarse, teniendo una familia tan futbolera. De hecho, ella cuenta con orgullo que “lo llamaron de River Plate y quieren que firme ya”.

Toda una vida atravesada por el fútbol. Recuerda fehacientemente su infancia al lado de su padre, de un estadio a otro, de país en país, acompañándolo con fidelidad junto a su familia. Fue de esa manera que tuvo la oportunidad de conocer a grandes estrellas del deporte, entre ellas a Diego Armando Maradona, compañero de Bernd en Barcelona. “Uno de chico no toma dimensión de las cosas ni las personas que tiene al lado. No te das cuenta porque estás acostumbrado”, sostiene al mismo tiempo que recuerda haberse cruzado además con David Beckham, Raúl y Luis Figo cuando su padre dirigió al Real Madrid en la temporada 2007/08.

Es la más chica de cuatro hermanos. “Nací en Barcelona, pero nos fuimos a vivir a Madrid”, comenta. Cuando tenía cinco años se mudaron a Colonia, Alemania, y luego no pararon de viajar. “Yo iba a todos lados con mi papá, era muy pegada a él. Estuvimos un año en México y después en Ucrania. También fuimos a Turquía”, recuerda. Rebecca sostiene que le encanta viajar a distintos países y tener la posibilidad de conocer diversas culturas. Sabe hablar alemán, inglés, español y francés, aunque admite que en su casa siempre se comunicaban en español por más que estuvieran viviendo en Alemania. Sin embargo, confiesa que cuando conoció a Juan le costó porque “los argentinos hablan muy rápido” y ella se expresaba con el castellano propio de España.

Bernhard Schuster es considerado una leyenda del fútbol, pero para Rebecca es mucho más que eso: “¡Mi papá es un crack, es el mejor!”. Más allá de señalar que nunca lo vio como un ‘Dios’, como suelen hacer los fanáticos, confiesa que suele bromear con su marido acerca de quién es mejor: ¿Maradona o Schuster? “Para mí siempre Schuster”, afirma. En gran parte, gracias a él nació su pasión por la redonda. Con 15 años comenzó a jugar con el sueño de ser futbolista profesional.  Todo iba de manera fantástica hasta que un día, jugando para Colonia (Alemania), sufrió una lesión en su rodilla: debía operarse los meniscos o intentar recuperarse con kinesiología. “Mi padre me decía que si quería seguir jugando como profesional tenía que operarme, pero si elegía continuar con mi carrera de contadora debía apostar solamente a la recuperación para ver si podía jugar nuevamente”, recuerda. En ese momento, Bernd estaba dirigiendo al Getafe, por lo que Rebecca decidió ir hasta Madrid y hacer allí la rehabilitación. Sin embargo, ella misma señala que nunca volvió a jugar como antes. Jamás se arrepintió de dicha decisión: años más tarde logró recibirse de contadora. Fue en ese entonces que comenzó su camino hacia Sudamérica, teniendo a Argentina como destino final.

Rebecca y la Selección Punilla. (Foto: Facebook)

En el año 2013, Schuster decidió visitar a una amiga alemana de la infancia que vivía en Santiago de Chile. Su estadía allí era tan sólo por dos meses. No obstante, su viaje duró mucho más tiempo de lo estipulado. De hecho, no regresó jamás a su país. El motivo tenía nombre y apellido: Juan Carlos Maldonado. En ese momento, él defendía la camiseta de Deportes Antofagasta, en la Primera División del fútbol chileno. Rebecca lo acompañó en su paso por aquél país y por Bolivia hasta quedarse, finalmente, en Argentina. “Desde chica que estoy acostumbrada a vivir un año acá, otro año allá y así constantemente. Cuando mi papá jugaba, íbamos detrás de él y cuando dirigía también. Es la vida del futbolista”, asume con plena tranquilidad asegurando que ese estilo de vida nunca fue un problema.

Apostó todo al amor. Desde que conoció a Juan no regresó jamás a Alemania. Y en esa apuesta, se encuentran ocho años de no ver a su familia. Como si fuera poco, aún no conocen en persona a su hijo ni a su marido aunque sabe que ellos la apoyan y la acompañan en su decisión. “Uno extraña, obviamente. El día del padre, de la madre, navidad, cumpleaños… es como que te falta algo. Hablamos vía WhatsApp y videollamada, que no es lo mismo, pero mi vida está acá”, sentencia. De igual modo, explica que la cultura argentina no se compara con la alemana aunque se considera “bastante abierta” y sin problemas para vivir en un lugar totalmente distinto al que acostumbraba.

Argentina no sólo fue el país que eligió para formar su familia sino que también fue donde volvió a ponerse los botines para disfrutar de lo que más ama: jugar al fútbol. Se describe como “positiva, agresiva y compañera” dentro y fuera de la cancha. Cree que lo más importante para un deportista es ser compañero en todo aspecto y momento. “Si te toca estar en el banco de suplentes, tenés que alentar y estar con buena onda. No sirve el fastidio”, señala. También admite: “Después de ser madre, tu cuerpo no es el mismo, pero me animé y jugué. Los primeros partidos me costaron un montón hasta que agarré ritmo”. Sin embargo, deja entrever que, “a pesar de los 30 años y un embarazo complicado por cesárea”, corre más que las chicas de 15 años. Es tan grande su amor por el fútbol y tan literal el “dejar todo en la cancha” que no comprende cómo algunas no puedan hacerlo de la misma manera.

River Plate de La Falda fue el club que la recibió con los brazos abiertos para que pudiera volver a demostrar todo su potencial. También es el equipo donde juegan su marido y su hijo. Defender la misma camiseta les permite compartir el fútbol en familia y que ninguno se pierda el partido de nadie. Más allá de eso, previo a que comenzara la pandemia del coronavirus en Argentina, Rebecca sintió que era momento de cambiar de aire y decidió firmar para Racing de Valle Hermoso. Respecto al nivel futbolístico en Córdoba, cuenta que Talleres, Instituto y Camioneros “son muy buenos” y también asume: “Con el seleccionado de Punilla fuimos a disputar un amistoso con Talleres y se notaba que había diferencia porque nosotras tenemos jugadoras que no hace mucho comenzaron”. De la misma manera, analiza y compara el nivel del fútbol femenino local con el de Europa: “Está creciendo y todavía le falta mucho. En Alemania ya era profesional hace diez años cuando había dejado de jugar”.

Rebecca Schuster demuestra tener una vida marcada por el fútbol. Un deporte que supo respirar desde que nació y que nunca logró alejar de su historia. Acompañó a su padre, luego a su marido y ahora toca seguir de cerca los pasos de su hijo en ese mundo que tan bien le sienta. “No sé qué sería de mi vida sin fútbol. Jugándolo o viéndolo pero no me imagino una vida sin él”, concluye.