Una ilusión deportiva frustrada: Tito Steiner y el boicot a los Juegos Olímpicos Moscú 1980 - De Taco | Abrimos el juego

Tito Steiner fue un símbolo del atletismo argentino en la década del 70 y principios de los años 80. Hasta el día de hoy, sus registros en el decatlón se mantienen en lo más alto: su récord argentino de 1983 es el más antiguo entre los masculinos individuales vigentes en el atletismo nacional. Su nombre es sinónimo de perseverancia, voluntad y convicción. Seguro de sus condiciones, autodidacta como pocos, creyó en sus aptitudes y entrenó, siempre apuntando a superarse. Fue así que llegaron los reconocimientos, los primeros puestos, las clasificaciones olímpicas y la beca universitaria para estudiar en los Estados Unidos, pieza clave en su formación. Tuvo una carrera ascendente y llena de colores. Experiencias, aprendizajes, viajes, e incluso golpes como el boicot y la no participación en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980.

-¿Cómo recuerda el momento en el que se entera de la baja de Argentina para los Juegos Olímpicos de Moscú?

-Estaba en Alemania entrenando hacía un año y me llegó un telegrama. Ahí me enteré de que Argentina fue el primer país en boicotear el evento porque estaba muy ligado a los Estados Unidos. Era un tema político, y cuando la política mete la cola ya perdiste. Creo que hoy hubiera insistido más, hubiera llamado a alguna reunión con los deportistas, pero en aquella época no se hacía, eran tiempos difíciles donde la gente desaparecía.

¿Qué significó para su carrera deportiva este boicot?

-Fue un golpe psicológico muy fuerte el no haber podido ir. Venía de marcar el récord con mi universidad, de ganar en Louisiana el NCAA (National Collegiate Athletic Association)… Nunca un atleta habla de lo que podría haber pasado, pero estaba para alcanzar el top 10 del mundo. Pero bueno, en perspectiva, otros vivieron guerras, entonces lo tomás de otra manera.

El lamento tras el boicot. (Foto: El Gráfico)

En 1980, la dictadura militar argentina se sumó al boicot que los Estados Unidos «agitó» frente a la realización de los Juegos Olímpicos de Moscú 1980. Era la época de la Guerra Fría y tras la invasión de la Unión Soviética a Afganistán, el presidente norteamericano, John Carter, tuvo la excusa perfecta para llamar a un complot mundial frente a los Juegos a realizarse en Rusia.

66 países se unieron a la presión de los Estados Unidos. Además, Andorra, Australia, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Reino Unido, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Países Bajos, Portugal, Puerto Rico, San Marino y Suiza se mostraron a favor del boicot, pero permitieron a sus deportistas la participación, aunque bajo la bandera olímpica.

Fue así que, con la decisión tomada por varios integrantes del gobierno argentino junto con el presidente del Comité Olímpico, el coronel Antonio Rodríguez, el sueño de más de 100 deportistas nacionales quedó trunco. Hubo desolación, falta de explicaciones, bronca y frustración.

Para Steiner, la participación olímpica de ese año era un sueño y para lo que se entrenaba día y noche. Con sus registros podría haber peleado por subir al podio, algo que Argentina no logra en atletismo desde 1952 (NdR: En Helsinki Reinaldo Gorno ganó la medalla plateada en maratón). Iban a ser sus segundos Juegos, ya que había estado en los de Montreal 1976, pero esa experiencia fue tan frustrante que anhelaba los de Moscú. Luego, optó por no asistir a la edición de Los Ángeles 1984 y se retiró.

“Los Juegos de Montreal fueron un desastre y la organización argentina también. De hecho, es un desastre el nivel organizativo de las federaciones y comités olímpicos argentinos, ayer, hoy y siempre”, dice enfático. Además, describe: “Llegué a Montreal directo desde Alemania, donde había entrenado durante un año, y no estaban mis garrochas. Sumado a que, hasta el día previo al comienzo, tampoco estaba inscripto para participar y mi entrenador no fue llamado, sino que mandaron un entrenador del club Luz y Fuerza, un acomodado. Imaginate mi estado anímico. En esas condiciones no podía competir y así me fue”.

Bruce Jenner (hoy Caitlyn), junto a Tito en los Juegos Panamericanos de 1975. El estadounidense dominó la prueba. (Foto: AP)

-¿Cómo se recuperó de aquella experiencia y cómo recuerda los años que le siguieron?

-La carrera real comenzó después de esos Juegos en los Estados Unidos cuando me dan la beca y me voy a estudiar allá. Era el mejor lugar para competir en decatlón, ahí o Alemania. Cuando llegué hacía 7500 puntos y ya el segundo año pasé los 7900 y después superé los 8200. Lo que es producto de los años de entrenamiento, de la tranquilidad del ambiente y el contexto. Me olvidé de los problemas.

-Comenzó su carrera deportiva en la Sociedad Alemana de Gimnasia (SAG) de Villa Ballester. ¿Cómo fueron esos primeros pasos?

-Vivíamos en Castelar. Me iba todos los días a las seis de la mañana hasta el centro, me tomaba el tren Sarmiento donde aprovechaba para leer y estudiar. Mi día terminaba a las doce o una de la mañana. Siempre tuve condiciones para correr. Nosotros éramos siete hijos y yo soy el anteúltimo. En el barrio siempre nos peleábamos porque en esa época los alemanes se peleaban con todos y ahí corría mucho. Tenía buenos rendimientos en el colegio, empecé a competir para el club y mi competitividad me fue llevando…

-¿Cómo llegó el contacto para ir a estudiar a Brigham Young University, en Provo (Utah)?

-Cada tanto, por el club aparecía algún cazador de talentos con estas oportunidades y por suerte me llamaron. Fue la mejor decisión que tomé. Acá no había recursos, pero sí voluntad. Lo que tienen hoy, para esa época sería la NASA. No depende del otro, de los recursos, depende de uno y sus ganas. Así hice mi carrera.

-¿Con qué se encontró cuando llegó?

-Cuando llegué a la universidad, todo el tiempo era para entrenar. No había que viajar y te podías enfocar en lo tuyo. Me sirvió para crecer como deportista, estudiar (Ciencia Física) y conocer el mundo. Además, pude alcanzar muy buenos logros, fui varias veces campeón universitario (NdR: el campeonato universitario de atletismo de la NCAA tiene nivel de competencia internacional), rompí récords y fui capitán del equipo, todo un honor.

Tito es un luchador incansable. Disfruta de la vida y busca sacarle el mayor jugo posible. Desde que se retiró, en 1983, sigue ligado al deporte a través de empresas de insumos deportivos y marcas deportivas internacionales. Vivió en los Estados Unidos y en Alemania en varios períodos de su vida, y es donde mantiene sus mayores relaciones, personales y laborales. Fue entrenador, consultor y nunca perdió sus vínculos con la Argentina.

Tuvo tres hijos, Hermann, Sabine y Christofer, el primero, también con una carrera deportiva en decatlón. Es amante de la naturaleza y de los perros. Un curioso nato, un agradecido. Supo forjar su carrera profesional con escasos recursos, en un deporte argentino siempre golpeado. Llegó al país desde Paraguay junto con su familia en 1955 bajo un contexto de pobreza. Asistió a un colegio alemán, compitió para SAG y fue entrenado por el gran maestro Raúl Zabala. Una dupla deliciosa. Fue el encargado de la organización del evento para la inauguración de la pista de atletismo del CeNARD y es crítico de las políticas deportivas. Pensante, educado, abierto al debate… Intentó acompañar al deporte argentino, buscó formar parte de la organización y fomentación del deporte nacional, pero no pudo. Recordar sus épocas de deportista lo conmueve y entusiasma, contagia de energías a su alrededor. A pesar de haber quedado trunco su sueño olímpico, siente orgullo por su país y haberlo representado lo vive con honor.

“El deporte fue y es gran parte de mi vida, es la clave. Me dio mucho, muchísimo. Es el pilar de todo lo que soy hoy. Lo haría otra vez y diez veces más”, resume.