No más Rey Pelé: ahora es la tierra de la Reina Marta - De Taco | Abrimos el juego

Salió a la cancha al frente del equipo, nerviosa, con la cinta de capitana en su brazo izquierdo, haciendo la señal de la cruz. Posó para la foto, sonriente, resaltando sus labios bordó y sus cejas tupidas. Brasil se jugaba el pase a octavos de final del Mundial femenino Francia 2019 ante Italia, y ella estaba a punto de hacer historia.

Penal para la Canarinha. Marta tomó el balón, lo acomodó y retrocedió hasta el límite del área. Se paró con las manos en la cintura y la mirada fija en la pelota, respiró profundo, tomó carrera y con una zurda magistral la cruzó al palo derecho. ¿El festejo? Lo gritó con desahogo y se besó los botines. La 10 clasificó al conjunto brasileño a la siguiente fase, y al mismo tiempo se convirtió en la máxima goleadora en la historia de los mundiales -femeninos y masculinos- y en la única en marcar en cinco ediciones diferentes de dicha competencia.

Marta fue a Francia 2019 sin sponsor, y besó sus botines tras el gol a Italia para la campaña ‘Go equal’ promovida por ONU Mujeres a favor de la equidad salarial entre hombres y mujeres. Foto: Conmebol

En 1970 se inauguró en el Estado de Alagoas, el noreste de Brasil, el “Trapichão”, un estadio municipal al que bautizaron “Rey Pelé”. Se lo llamó así porque el máximo ídolo brasileño -reciente ganador de la tercera Copa del Mundo con Brasil en México- marcó dos goles en su apertura. Sin embargo, nadie pensó que años más tarde surgiría de allí la mejor jugadora de la historia del fútbol femenino.

A 200km de las playas de Maceió y del estadio Rey Pelé nació, el 19 de febrero de 1986, Marta Vieira da Silva. Más precisamente en Dois Riachos. Allí la crió su madre, Doña Tereza, quien trabajaba todo el día para mantener a sus hijos, pero principalmente para hacerle frente a la mortalidad infantil que acechaba Alagoas más que a todo Brasil. Cuando Marta cumplió nueve años, la situación económica de la familia había mejorado y pudo empezar el colegio con los libros y útiles que antes no podía comprar.

Se pasaba corriendo detrás de una pelota y de las críticas de sus hermanos, sus compañeros y vecinos que le decían que debía jugar con muñecas -los mismos que luego se peleaban por ficharla en torneos barriales o escolares-. “Nadie aceptaba que una niña corriera detrás de la pelota entre niños varones. Ellos eran más fuertes, pero aún así ella destacaba”, recordó Julio de Freitas, su profesor de gimnasia, en una nota con El País. “Tato”, como le dicen en Dois Riachos, fue quien vio talento en Marta y le comentó sobre un club de Río de Janeiro que estaba realizando pruebas de jugadoras.

Con 14 años pero sobrada de convicción, viajó tres días en micro hasta Río, se probó en Vasco de Gama, deslumbró y firmó su primer contrato bajo una condición: el primer sueldo debían enviárselo a Doña Tereza. Su entrenadora, Helena Pacheco, expresó en una entrevista: “Era una niña que venía de lejos, de una realidad difícil, en busca de la oportunidad de oro. Supo transformar esa rabia en motivación para vencer en la vida”.

Para “Tato”, Helena y otros entrenadores de todo el mundo, Marta se destacaba. Resaltaba por su lucha y sus ganas de jugar pese a las críticas y las pocas posibilidades que tenían las mujeres que deseaban dedicarse al fútbol. Y aún hoy lo hace. Sobresale por su habilidad para driblar, porque engancha con seguridad, engaña con el cuerpo y se escabulle entre sus rivales. Controla y domina, conduce como si llevara la pelota pegada a los pies, encara, hace una pausa, levanta la cabeza y busca. Cuando se abre por las bandas tira centros cerca del arco para que sólo tengan que empujarla, y cuando va por el medio termina la historia con un zurdazo. Es rápida, cubre bien la pelota y no busca la falta. Es la 10 de los tiros libres por su pegada potente directa al gol.

Jugó cuatro temporadas en Brasil, a los 18 años debutó en la Selección mayor y participó de su primer Mundial (Estados Unidos 2003). Luego de aquel torneo firmó con el UMEA IK de Suecia, una de las ligas más comprometidas con el fútbol femenino, y a los 20 ya tenía su primer Balón de Oro. El mismísimo Pelé la llamó “Pelé con falda”, pero a ella no le gustaba ese apodo. “Es la mayor referencia en el fútbol y para mí la mejor de la historia. Con ese historial te esperas un divismo máximo, te esperas a alguien súper inaccesible, una estrella a lo Cristiano Ronaldo y no es así”, declaró Vero Boquete, jugadora de la Selección española.

Pasó por equipos de Suecia, Estados Unidos y Brasil. Fue elegida mejor futbolista del mundo seis veces y cinco de ellas fueron consecutivas -récords que mantiene-. Obtuvo un subcampeonato del mundo en 2007, medallas plateadas en Juegos Olímpicos y doradas en Juegos Panamericanos. Además, fue goleadora en Mundiales y ligas, obtuvo balones y botines de oro, Champions League y Copa Libertadores. También fue la primera mujer con un espacio propio en el museo del Maracaná. Pero su mayor victoria fue el nombramiento como embajadora de ONU Mujeres por la lucha de la igualdad de género y el empoderamiento de niñas en el deporte.

Los estadios en Brasil se revolucionaban cada vez que Marta jugaba un partido con Santos por el campeonato brasileño. Era el ejemplo de que las niñas podían jugar aunque costara hacerse un lugar. Era el reflejo de lucha e inspiración para el fútbol femenino, pero especialmente para las jugadoras de Alagoas.

La actual delantera de Orlando Pride (Estados Unidos) tomó una gran responsabilidad social con su pueblo y realiza constantes donaciones a las familias alagoanas. Y del otro lado, está Pelé. “Hasta hoy Pelé nunca hizo nada por el fútbol de Alagoas, ni tampoco por el Estadio que tiene su nombre. Por eso decidimos hacer ese cambio”, afirmó el diputado Timoteo Correa en 2008, autor de un proyecto de ley para que el Estadio Rey Pelé pasara a llamarse “Reina Marta”. Pero, a pedido de la homenajeada, este fue vetado por el exgobernador, Teotônio Vilela.

En 2014 construyeron un espacio al costado del “Trapichão” para exponer trofeos, medallas, camisetas y otros objetos de la futbolista, pero el mismo permaneció más tiempo cerrado “por obras” que abierto al público, y actualmente está vacío y descuidado. Con un pequeño museo abandonado y una ídola del fútbol que continuaba conquistando espacios, la idea del nombre del Estadio resurgió. Sin saber que Marta rompería dichos récords en el Mundial de Francia 2019, un diputado del Estado de Alagoas, Antonio Albuquerque, había vuelto a presentar el proyecto de ley buscando que cambiaran el nombre del Estadio de Maceió.

En los últimos meses, Brasil se dividió entre los que juntan firmas y los que creen que es una falta de respeto hacia Pelé. Pero la causa excede el deporte. Marta no se ganó el respeto de Alagoas por ser la mejor jugadora de fútbol de la historia, sino por su ejemplo. La lucha, la esperanza y el apoyo hacia quienes quieren ser, en un mundo donde les dicen quiénes deben ser.