Lucila Sandoval: "Con la tercera generación terminamos de instalar como deporte al fútbol femenino" - De Taco | Abrimos el juego

Lucila Sandoval es parte de la tercera generación del fútbol femenino en Argentina. De los potreros de Saladas, Corrientes, pasó a jugar en clubes como Boca (se consagró campeona), River, San Lorenzo, All Boys e Independiente, equipo en el cual permaneció durante diez años. También formó parte de la Selección nacional en varios tramos, desde 1997 hasta el 2000. Logró instalar el 21 de agosto como el Día de las Futbolistas y, tras su retiro, fundó el grupo Pioneras del Fútbol Femenino con el objetivo de, según explicó Lucila, “dar visibilidad a esas mujeres que construyeron y desmalezaron el campo; poner en valor la historia y lograr que las chicas que se están formando, crezcan abrazándola y estando orgullosas de esas jugadoras que abrieron el camino”.

-¿Cómo marcó tu vida el fútbol?

-Me formó como persona y me vinculó con otras del entorno. Mis compañeras, de todos los equipos en los cuales jugué, son mi familia hoy en día. También me permitió tener una vida maravillosa. Por eso, pensé en devolverle a mi deporte lo que merecía tener, la reconstrucción de su historia.

-¿Cuándo comenzó tu sueño de ser jugadora y cómo fue el proceso?

-Comenzó de chica en los potreros de mi pueblo. Jugaba con todo el mundo, era una época muy linda. Pero recién cuando llegué a Buenos Aires, en la década de los 80, me enteré de que existía el fútbol femenino y yo no lo sabía hasta ese momento. Llegué primero a All Boys para probarme y ahí empecé. Me probé en varias posiciones y terminé como arquera. Ahí caí en la realidad de que el fútbol femenino existía hace muchos años ya y que no era tan buena como me percibía (risas). Dios creó el arco para que pueda jugar al fútbol.

-Siendo del interior, ¿cómo fue llegar a un plantel de primera?

-En mi época no había inferiores, por lo que llegabas directamente a un plantel de primera. Debuté a los 18 años, cinco meses después de empezar a formarme como arquera, en un partido accesible. Después volví al banco y fue todo un proceso de preparación. Creo que me terminé de afianzar como una verdadera arquera a los 23.

-¿Sufriste discriminación por jugar un deporte considerado en su momento ´sólo de hombres´?

-Nunca me permití sufrir discriminación, estaba enfocada solo en mí. Pero sí me han gritado de todo como “marimacho” o “andá a lavar los platos”. Era algo normal en ese momento. Una sola vez sufrí, estando en la Selección, porque en mi trabajo no me dejaron ir a un partido amistoso contra Uruguay en Mar del Plata. Fue en 1998 y creo que eso hizo que pierda la única posibilidad que tenía de estar, aunque sea en el banco de suplentes. No me consideraban como profesional e ignoraban que esto fuera importante.

-¿Con qué equipo te sentiste más cómoda?

-Siempre estuve en planteles con grandes grupos humanos. Independiente es mi casa, ahí conseguí tres subcampeonatos seguidos. Me sentí muy cómoda y no me hubiese ido nunca. En Boca fui arquera, capitana y primera campeona en la historia del Futsal AFA. Pero siempre digo que San Lorenzo quedó en mi corazón. Teníamos un vestuario maravilloso, logramos cosas importantes, ya que fuimos el primer equipo en jugar una Libertadores y fui parte de esa historia. Si me dan a elegir, Independiente y San Lorenzo.

-¿Cómo fue jugar una Copa Libertadores?

-Fue impresionante. Siempre tuve el sueño de cantar el himno en el exterior representando a mi país, y con la Selección no lo pude hacer. Pero que San Lorenzo me haya dado la posibilidad de ser su arquera en la primera Copa Libertadores para un equipo argentino, fue algo maravilloso. No hubo un solo partido en el que no hayamos salido a la cancha con el himno de fondo felices, abrazadas y llorando. ¡Fue el premio mayor a mi carrera deportiva!

-¿Qué significa ser parte de la tercera generación del fútbol femenino?

-Cuando en 1998 descubrí que ya teníamos a grandes mujeres jugando un mundial cuando yo estaba recién aprendiendo a caminar, fue impactante. También fue muy lindo darme cuenta de que era parte de esa tercera generación. Hubo mujeres que nos abrieron el camino y a nosotras simplemente nos tocó jugar. Fuimos las que terminamos de instalar como deporte al fútbol femenino y que llegue a ser federado en AFA.

-Fuiste la impulsora del Día de las Futbolistas, ¿por qué en la fecha del 21 de agosto?

-Hace unos años, la periodista Ayelén Pujol me mandó un mensaje que decía “Feliz Día del Futbolista”. Ahí pensé que debíamos tener un día y recordé el día que le ganamos a Inglaterra por 4 a 1 (Mundial de 1971), donde la jugadora Elva Selva había marcado los cuatro. Se trabajó desde todos los sectores, y gracias a la legisladora Andrea Conde se transformó en un proyecto de ley. Si bien yo lo soñé, esto fue algo colectivo.

Pioneras argentinas.

-¿Qué sentís que cambió en el fútbol femenino desde que vos jugabas hasta hoy?

-El modo de entrenamiento. Los cuerpos técnicos hoy en día tienen preparadores físicos formados y capacitados, se entrena más como deportista. Los técnicos ya no usan al fútbol femenino como un trampolín para llegar al masculino, entonces todo lo que saben de técnica y táctica lo vuelcan únicamente a las chicas. Y se van viendo más equipos que entienden realmente cómo jugar al fútbol. En mi generación había muy buenas futbolistas, pero en el grupo no terminaban rindiendo al máximo porque faltaba la parte física y táctica. Pero lo bueno es que jugamos por amor al fútbol. Me gustaría que las chicas sigan manteniendo esta pasión.

-¿Cuál es el próximo paso para el fútbol femenino en Argentina?

-Llegamos a una semi-profesionalización y lo que falta todavía es más compromiso por el lado de las jugadoras, que se perciban como profesionales. Y obviamente que todos los planteles cobren bien, porque la plata es mínima y no alcanza. Siempre dije que debe haber un buen sueldo para todas, que cobren lo mismo y que con esa remuneración puedan vivir dignamente y dedicarse de lleno a este deporte.

-¿Te quedó algo pendiente como jugadora?

-Sí, atajar en un partido de la Selección Argentina. Tuve la oportunidad de ser citada, pero soy consciente de que fui parte de una generación brillante de arqueras como Nancy Castaño o Liliana Torres. Recuerdo que entrené con los arqueros de Independiente y bajo las órdenes de Pepe Santoro. Me formé, lo di todo y no me alcanzó, pero de todas formas soy feliz por mi recorrido y las alegrías que me dieron los clubes en los cuales estuve.