Leo Messi, Barcelona y el final que no fue - De Taco | Abrimos el juego

No fue un cuento de hadas, aunque tuvo momentos mágicos. El desenlace parecía inevitable, pero se agregó un capítulo más, aunque forzado. Imaginaba un final feliz, con el Camp Nou colmado, vitoreando su figura. El vínculo BarcelonaLionel Messi se merece un cierre acorde a su relación. Sin embargo, la postal ideal parece utópica en estos días. Los medios de comunicación «hablaron» antes que los propios protagonistas y la polémica se instaló. El periodismo se encargó de sostener el tema en boca de todos, muchos (demasiados, diría) a costa de informaciones adulteradas o falsas. Cada cual pregonó su verdad.

Y así es como surgió el desamor o desencanto en los propios hinchas culés, porque ellos también son parte ineludible de esta historia. Surgieron bandos. Como de costumbre, la opinión pública dio su veredicto. Se disputó un partido y el que perdió fue la propia institución. Barça construyó un paraíso y vivió durante muchos años en él, se acostumbró a la dicha, la abundancia. Pero, como en otras ocasiones, volvió a caer en las tinieblas.

Barcelona le abrió sus puertas a Leo, lo cuidó y acompañó en su crecimiento como futbolista profesional (y también personal). Se afianzó en la elite, deslumbró, exhibió su calidad, ganó, ganó y ganó. Si miramos desde atrás hacia adelante, veremos gloria… ¡y cuánta! También momentos adversos que, al igual que en la vida, son parte del deporte. Ahora, llegó la hora del cambio y la reestructuración, un proceso habitual y ordinario provocado por el paso del tiempo.

Tras la época dorada con Pep Guardiola, desde su salida en 2012 y hasta la actualidad, el trono fue ocupado por seis nombres: Tito Vilanova (2012-2013), Gerardo Martino (2013-2014), Luis Enrique (2014-2017), Ernesto Valverde (2017-2020), Quique Setién y Ronald Koeman (2020). En este período, el equipo consiguió cinco títulos de liga, cuatro Copa del Rey, tres Supercopa de España, una Champions League, un Mundial de Clubes y una Supercopa de Europa.

El declive no es reciente. El Culé estaba en caída libre y tocó fondo por el cachetazo de su ídolo. Un impacto letal. Messi quiere cortar el lazo, pero la intención no es suficiente como para cumplir con esta voluntad. El daño está hecho, ya no basta con «dejar todo en la cancha». Desde un «me quiero retirar acá» sostenido durante años hasta un «me quiero ir» hay un tramo saturado de pormenores desconocidos que desgastaron la relación más significativa que existirá entre un futbolista y su club.

No veo culpables, sino responsabilidades. Cada cual sabrá qué hizo o no para llegar a este punto. La sucesión de acciones y decisiones terminó de explotar como un volcán y salpicó a todos. La mancha es visible e imborrable. Sólo el tiempo calmará esa sensación desagradable pos discusión. La reflexión e introspección debe predominar sobre el orgullo y los arrebatos. Pero aún más importante es recordar que, como dijo el expresidente Narcís de Carreras en 1968, «FC Barcelona quiere decir alguna cosa más que un simple club de fútbol».

Esta historia continuará…