Shaun Botterill, fotógrafo de Getty: el arte de inmortalizar momentos deportivos - De Taco | Abrimos el juego

Mundiales de fútbol, Juegos Olímpicos y finales de Champions League. ¿Cuántas personas pueden jactarse de haber presenciado estos y muchos otros eventos deportivos relevantes? Y no desde las tribunas, sino junto a los protagonistas. Shaun Botterill (Inglaterra, 1967), fotógrafo deportivo de la agencia Getty, es uno de ellos. Las probabilidades de que quienes consumen regularmente deporte hayan visto alguna de sus imágenes es altísima. El choque entre Gonzalo Higuaín y Manuel Neuer en la final de Brasil 2014, el beso de Diego Maradona a Lionel Messi en Sudáfrica 2010, Fabio Cannavaro levantando el trofeo en Alemania 2006 o Juan Martín Del Potro festejando con el puño en alto en Wimbledon, son solo algunas que cualquiera podría identificar inmediatamente al verlas.

Hablar del trabajo que realiza desde hace más de 35 años y lo llevó a recorrer el mundo entero lo conmueve. Durante el relato viaja con la mente y describe con precisión momentos fugaces que se grabaron en su memoria. Acaba de terminar de retratar a los jugadores del Arsenal en la previa del inicio de la Premier League, muchas horas después de lo previsto. Algunos futbolistas llegaron tarde de un viaje y hubo que esperarlos. No importa, Botterill está acostumbrado a esperar. Los fotógrafos deportivos requieren de paciencia, instinto, creatividad, ejecución. Es una profesión emocionante que, como muchas otras, se vio afectada por la pandemia de COVID-19: “Es un ambiente muy extraño. A veces me subo al auto para volver a mi casa y siento que no hice mi trabajo. Me da hasta un poco de culpa cuando me voy del estadio y no hay nadie. Está bueno estar fotografiando, me divierto, pero sería lindo que pudiera volver el público”, asegura.

La ausencia de la afición, por otra parte, le permite escuchar con claridad cómo dialogan jugadores y árbitros, algo que antes no era posible. Y muchos otros sonidos, como cuando un jugador es tackleado en el rugby: “Es tremendo, ¡se siente hasta cómo expulsan el aire!”. Tampoco viaja tan seguido por la falta de actividad, aunque no lo extraña “para nada”.

-¿Cómo empezaste en esta profesión?

-Cuando era niño me encantaba jugar al fútbol y sacar fotos. Lo bueno fue que me di cuenta lo suficientemente joven de que era un jugador promedio, y como deseaba estar en una cancha en la final de un Mundial –y no quería ser árbitro- pensé ‘pruebo como fotógrafo deportivo’.

Sus primeros Juegos Olímpicos fueron los de Seúl 88, a los 21 años. Recuerda aquella experiencia como “un poco loca”, donde “todo era demasiado” y en la que muchos sentimientos se hicieron presentes: “Uno está asustado, excitado, nervioso. Por eso, probablemente tus segundos Juegos sean tus favoritos, porque ya tenés conocimiento y un poco de experiencia, pero mantenés todavía el entusiasmo”.

La final de los 100 metros llanos masculinos es el momento olímpico de mayor audiencia. Y, también, el que requiere mayor precisión de parte de los fotógrafos: “Hay mucha presión, una gran parte de los Juegos es esa imagen final. No necesariamente es una gran foto, es básicamente un festejo. Pero no hay mucho tiempo para trabajar y hay que crear una escena. Quién será el ganador, qué carril elegir. Por ejemplo, en el Mundial de Atletismo de Londres 2017 ganó (Justin) Gatlin, y muchos estaban con la persona equivocada… para ser sincero, creo que la final de los 100 metros es la ocasión en la que quizás me coma las uñas un poco más “, confiesa entre risas.

El engranaje es milimétrico, en todo sentido. La imagen final de Usain Bolt festejando en Río 2016 solo tardó 29 segundos desde que se tomó hasta que estuvo disponible en Getty para las redacciones de todo el mundo. Los fotógrafos no trabajan solos. Lo hacen en equipo y de manera sincronizada para satisfacer a una audiencia que demanda velocidad informativa.

Zinedine Zidane Francia sub 21 18 años

Zinedine Zidane en 1991 a los 18 años, jugando un partido con la Selección de Francia ante Escocia. Foto: Shaun Botterill/Getty Images

Aunque no siempre es así. Hay imágenes que tardan años o incluso décadas en cobrar valor. A Botterill le ocurrió por ejemplo con Zinedine Zidane, a quien fotografió en un partido Sub 21, y con Michael Phelps, inmortalizado por su cámara en 2003, antes de ganar la primera de sus 28 medallas olímpicas: “Cuando fotografiás a alguien muy joven no tenés idea de que se va a convertir en uno de los mejores del mundo. No hay manera de saberlo. La foto de Zidane es la única foto que tenemos de él en esa época”, cuenta entusiasmado.

El confinamiento en los inicios de la pandemia le dio tiempo junto a sus colegas en Getty para repasar archivos, y asegura que se dieron discusiones muy interesantes acerca de qué hace que una foto sea buena o no. Incluso, puede que el significado real no solamente lo otorgue el protagonista: “A veces tratás de hacer fotos perfectas, pero resulta que lo interesante es lo que está en el fondo. El golf es un buen ejemplo, cuando mires al público en 20 o 30 años también vas a estar mirando la moda de aquella época. O, en Fórmula 1, recuerdo que estuvimos hablando de las publicidades que se convierten en icónicas con el paso del tiempo”, relata.

Uno de los primero viajes de su carrera fue al Mundial de México 86, en tiempos de fotografía analógica. Kodak y Fuji, proveedores de los rollos, procesaban las fotos de manera gratuita, algo sumamente relevante porque revelar era muy caro. Recuerda sus días en México como “una gran experiencia”, en la que trabajó para Bob Thomas, que en ese Mundial realizó una de las imágenes -quizás- más icónicas del fútbol: la de Diego Maradona tocando la pelota con la mano para hacerle un gol a Inglaterra. Botterill fue una de las primeras personas que vio la foto de ‘la mano de Dios’: “Había muchos fotógrafos pero hay solo una imagen con la mano en la pelota. Si la sincronización no es correcta puede haber un espacio entre la mano y la pelota. Ya que estamos… ¡amo a Maradona!”.  Y agrega: “Mi primer partido italiano fue entre la Juventus de Platini y el Nápoli de Maradona. Incluso ahora no lo puedo creer, qué locura, no tenía ni 20 años… te podría hablar todo el día de ese momento. Me acuerdo de estar nervioso, de no dormir la noche anterior. Estaba brumoso, lo recuerdo todo (se emociona), ¡qué gran futbolista!

Su camino se cruzaría con el de Maradona en varias oportunidades. Lo fotografió en su breve paso por el Sevilla cuando regresó al fútbol después de una suspensión de 15 meses, y en el Mundial de Sudáfrica 2010, cuando Diego era el DT de la Selección Argentina, y le tocó compartir el túnel en la previa del partido de cuartos de final contra Alemania: “Pensé que me iba a echar de ahí, pero no (risas). Después, en el campo de juego, me señaló y me pidió que le sacara una foto. Fue gracioso -dramatiza la escena- era una foto como de vacaciones, abrazando a sus amigos (sus ayudantes del cuerpo técnico). Pero me encanta esa foto, solo por el hecho de que me la haya pedido específicamente”.

-En Mundiales, otro instante que captaste con tu cámara fue el choque entre Gonzalo Higuaín y Manuel Neuer en Brasil 2014. ¿Pensás en las consecuencias de una jugada, si fue penal o no por ejemplo?

-Lo único que recuerdo es haber pensado ¡espero que haya quedado todo registrado en la toma!

Además de Mundiales de fútbol, también realizó numerosas coberturas en críquet –un deporte muy popular en Inglaterra y países de la Commonwealth- y rugby. Asegura que disfrutó mucho de fotografiar a Los Pumas, porque “es un equipo que todavía tiene un espíritu libre”, y el hecho de que jueguen “instintivamente”, según él, “siempre da buenas fotos”. Otro momento que destaca en este tipo de competencias es el de los himnos, en la previa de los partidos: “En ocasiones, para ser sincero, estuve cerca de llorar en vivo… creo que la mística con los himnos es increíble. Cuando estás mirando a través de la lente te encontrás con una cara y ves cómo empiezan a llorar… incluso ahora contándolo se me pone la piel de gallina”, reconoce.

Los Pumas en pleno festejo de su mejor actuación mundial, cuando fueron terceros en Francia 2007. Foto: Shaun Botterill/Getty Images

El deporte en general pero el rugby en particular le permitió vivenciar momentos históricos, como el Mundial de Sudáfrica 95 que consagró a los Springbooks y que, gracias a la labor de Nelson Mandela, sirvió como plataforma de reconciliación para la sociedad sudafricana. Se lamenta de no haber dimensionado del todo lo que estaba ocurriendo, aunque cree que “es complejo y no muchos fotógrafos lo hubieran entendido”.

La profesión también le dio acceso a lugares usualmente vedados para el público en general, como el Palacio de Buckingham: “Fuimos con mi colega Paul Gilham a hacer unas tomas grupales con el Príncipe William para la Federación Inglesa de Fútbol. Nos permitieron ingresar por las puertas principales, pero lo mejor de todo fue la decepción en la cara de los turistas cuando salimos… esperaban a la realeza ¡y solo se toparon con dos desconocidos!”, rememora.

Al pasar se menciona la famosa imagen de la pelea entre Muhammad Ali y Sonny Liston, tomada por el estadounidense Neil Leifer y considerada por muchos como la más icónica de la fotografía deportiva.Muhammad Ali fue un sueño para los fotógrafos deportivos. Fue un atleta increíble, pero también tenía una personalidad increíble. Esas personas hacen fotos por sí mismos, es muy difícil sacarles una mala foto… como con David Beckham, me acuerdo de haber hecho un trabajo comercial con él ¡y solo hace buenas fotos! Le comentás lo que necesitás y él arranca solo. Hay personas que hacen buenas fotos por sí mismas”. Otros encargos comerciales le permitieron conocer a Gabriel Batistuta cuando jugaba en Fiorentina, y confiesa que le pareció “un tipo muy amable y genial para trabajar”.

-¿Recordás cuál fue tu primera foto que llegó a una portada?

-¡Sí! Fue en Shoot Magazine, una revista inglesa de fútbol. Era una foto de Gary Lineker, que jugaba en Leicester en ese momento. Me acuerdo que solo me autorizaban a fotografiar en color si había sol, pero si estaba nublado sacaba en blanco y negro. Todavía hoy me sigue gustando esa foto. Tendría unos 16/17 años cuando la hice, en el primer partido que cubrí laboralmente. Fue pura suerte.

Los recuerdos y las anécdotas se suceden durante la charla. Botterill cuenta que llegó a hacer amistad con algunos deportistas, porque compartió mucho tiempo con ellos: “Hice tours con el seleccionado de críquet de Australia, cuando era el mejor equipo del mundo. Con Steve Waugh, el capitán, nos hicimos buenos amigos. Sabía que eran brillantes, pero recién ahora que la gente habla de ellos me doy cuenta de que fue el mejor equipo internacional de la historia. En esos momentos hasta los normalizás, porque los ves todos los días”.

-En cuanto a tener acceso a la intimidad de un plantel, hace poco recorrió el mundo una foto de Messi abatido en el vestuario, en el entretiempo del partido contra el Bayern. Aunque te permitan estar ahí, ¿hay límites en cuanto a publicar sobre un momento privado?

-100%. Creo que tenés que saber leer la situación. Nos dan acceso con mucha confianza. Si rompés esa confianza, ese compromiso, el efecto a largo plazo para mí y para Getty es ridículo. Pero es una línea muy delgada, también tiene que ver con lo editorial… es una pregunta difícil.

Messi pica la pelota ante Neuer en la semifinal de Champions League 2015 entre Barcelona y Bayern Munich, en el Camp Nou. Foto: Shaun Botterill/Getty Images

Botterill no tiene una clara favorita entre las imágenes que tomó, prefiere pensar que cada día es una nueva oportunidad para sacar la mejor foto. Sí guarda un gran cariño por la que le hizo a Cannavaro levantando el trofeo en el Mundial de Alemania 2006, que sacó “básicamente entre las piernas de otros fotógrafos”. Otro italiano al que tuvo el placer de capturar con su cámara es Andrea Pirlo: “Le hice un retrato, le mandé algunas copias y me devolvió una firmada”, cuenta animado.

En esta etapa de su carrera, quiere aconsejar y dar espacio a los más jóvenes: “Trato de traspasar toda mi experiencia. Mi antiguo jefe lo hizo conmigo, dedicó mucho tiempo a enseñarme. No me gustaría que este trabajo se diluya o desaparezca. Es un gran trabajo”, asegura.

-Después de un largo recorrido en este oficio, y volviendo a aquel gusto que tenías por el fútbol de niño… ¿es posible seguir disfrutando del espectáculo deportivo?

-¡Totalmente! Todavía me siento un afortunado de ir, sentarme y mirar a los mejores deportistas. Me gusta el ruido, el aroma. ¿Cómo no emocionarse si tenés la oportunidad de fotografiar a Messi, a Ronaldo? Como ves, todavía siento esa emoción. Todavía me apasiona.