Fútbol y empoderamiento: la historia de Shamila Kohestani - De Taco | Abrimos el juego

En el mundo existen muchas mujeres que lucharon y luchan por la igualdad y sus derechos. La futbolista afgana Shamila Kohestani es una de ellas. En 1996, cuando tenía nueve años, el régimen Talibán tomó el gobierno de aquél país, un conflicto que impactó en la vida de aquella niña, ya que las mujeres no podían ir a la escuela, trabajar y mucho menos practicar algún deporte. También estaban obligadas a usar el burka, una prenda que cubre por completo la cara y el cuerpo.

En esas circunstancias, Shamila y su familia debieron mudarse a Kabul, la capital de Afganistán. Recluida en su hogar y con miedo, estudió en secreto con la ayuda de sus padres. Sin embargo, recordó cómo le afectaron los seis años de escolaridad que perdió: “Nunca pensé que querría una escuela más que cualquier regalo”, confesó con un dejo de tristeza en el marco de una charla TED.

En el año 2001, el régimen Talibán fue derrocado. Poco tiempo después, Shamila comenzó a jugar al fútbol. En 2007 fundó junto a otras compañeras el primer equipo nacional femenino de Afganistán, del que más tarde fue nombrada capitana. “Me enamoré de un deporte muy arriesgado en una sociedad profundamente conservadora, donde las mujeres siempre han estado subordinadas al hombre. Me humillaron una y otra vez, la gente trató de convencerme de que dejara el fútbol, pero nunca lo hice”, contó la delantera.

Pero la lucha de Shamila y aquellas jugadoras recién comenzaba, ya que carecían de elementos y espacios para entrenar. Disputaron su primer partido contra un equipo de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte): “Fue realmente difícil para mí jugar en un estadio- denominado Estadio Ghazi-  donde las mujeres solían ser ejecutadas, castigadas por delitos morales, por escapar de sus maridos abusivos. Me tomó mucho tiempo sacar esas imágenes de mi mente”, recordó.

En 2008 viajaron a Pakistán para participar de un campeonato nacional donde alcanzaron la final ante Baluchistán. Ese mismo año también fueron a Alemania para participar en un campus y disputaron el Torneo de Fútbol Femenino de los países Islámicos, en el que se enfrentaron a equipos más competitivos. Perdieron todos los partidos de manera abultada, pero la experiencia sirvió para seguir creciendo.

En 2010, el equipo se presentó en un certamen internacional importante, el Campeonato Femenino SAFF (también denominada Copa de Asia del Sur Femenino). Se trata de la principal competencia de naciones de mujeres de los equipos regidos por la Federación de Fútbol del Sur de Asia. Allí jugaron su primer compromiso oficial contra Nepal y cayeron por 13-0.

Paralelamente, Khalida Popal, quien participó en el primer equipo nacional de Afganistán y de los torneos antes mencionados, fue obligada a abandonar el país en 2011 tras haber recibido amenazas. Actualmente reside en Dinamarca donde fundó una organización llamada Girl Power, la cual ayuda a la integración de refugiados a través del deporte.

Shamila se mudó a Estados Unidos en 2008, con 21 años. Siguió jugando al fútbol y en 2012 se graduó en Ciencias Políticas. Por casualidad o causalidad, se convirtió en una figura pública importante para todos aquellos que deseaban conocer la historia de la Selección Afgana y de las mujeres que formaron parte. “Encontré coraje, esperanza y fútbol… y lo usé como un arma para lograr mis sueños y liberarme de la esclavitud de mi género”, expresó. Además, en una entrevista al medio ‘Mujeres en la cancha’, contó: «Tenemos una liga de mujeres y pequeños clubes hasta en 27 provincias. Hay escuelas que ofrecen este deporte para mujeres. Este es el resultado de lo que empezamos hace ya 15 años».

Por otra parte, en 2016, la marca que viste a la Selección nacional diseñó una camiseta especial que contiene un Hijab integrado para respetar las tradiciones de las jugadoras y que estuvieran más cómodas. A pesar de los avances y espacios ganados gracias a la lucha de un grupo de mujeres, la historia tiene una contracara: En 2019, el medio The Guardian publicó un artículo donde varias jugadoras de la Selección denunciaron abusos sexuales por parte de directivos de la Federación de Fútbol del país, incluido el presidente.

En la actualidad, Kohestani da charlas en colegios y universidades. También utiliza su figura pública para manifestarse en contra de todas las formas de violencia hacia las mujeres, sobre todo en su tierra natal.