Deserción deportiva: atletas que se alejaron del alto rendimiento tras Buenos Aires 2018 - De Taco | Abrimos el juego

Es 6 de octubre de 2018. Un grupo de 141 deportistas argentinos de entre 15 y 18 años disfruta de la ceremonia de apertura de los terceros Juegos Olímpicos de la Juventud sobre la avenida 9 de julio de Buenos Aires, junto al Obelisco. Para llegar a vivenciar este momento tan especial debieron atravesar competencias de diversa índole, viajes, duros entrenamientos y concentraciones, hasta que finalmente los confirmaron para participar del evento deportivo más importante que se haya realizado en Argentina.

También tuvieron que pausar o postergar estudios, dejar de asistir a eventos sociales o viajes con amigos y en algunos casos incluso mudarse lejos de sus familias a muy temprana edad. Ser deportista de alto rendimiento trae consigo una serie de exigencias que, en el caso de los adolescentes, pueden llevar a un replanteo constante de objetivos, principalmente en el mundo amateur.

Después de 12 días de intensa actividad en Buenos Aires durante los cuales los atletas argentinos lograron excelentes resultados, diez de los 141 tomaron la decisión de dejar la alta competencia. Los motivos son variados, pero encontrarse en una etapa de transición entre adolescencia y la adultez y empezar a tomar decisiones para modelar su futuro, sin duda fue determinante para muchos. No resulta sencillo combinar la exigencia que conlleva una carrera deportiva en el alto rendimiento con el trabajo y/o la universidad u otras obligaciones. Un relevamiento de los deportistas -realizado en colaboración con los medios Argentina Amateur y Argentina Dorada-, arrojó como resultado una carga de entrenamiento promedio de 5 días a la semana, con jornadas de 3 horas y media. A eso se deben sumar traslados, viajes por competencias y concentraciones, entre otros deberes.  Aún así, en diálogo con De Taco la mayoría de los que dejaron admite que no descarta por completo un regreso a la actividad.

Milagros Cali entendió que su biotipo daba ventaja en categoría mayores. Foto: ENARD/Prensa COA

“Me dolía mucho el cuerpo y entendí que no tenía el biotipo adecuado”

La taekwondista platense Milagros Cali (19) fue quinta en Buenos Aires 2018. En su caso, el salto que implicaba empezar a competir en categoría de adultos fue uno de los motivos principales para dejar la actividad a principios de 2019: “No tenía el biotipo adecuado. Mido 1,60mts y mis contrincantes superaban 1,75mts”, admite sobre su realidad en una disciplina donde la altura y el largo de las extremidades pueden ser determinantes. A ello se sumaban las exigencias propias de competir en un deporte por peso: “Mi categoría era 44kg y me dolía mucho el cuerpo por tener que bajar constantemente. Mantenerme cerca de la categoría hizo que tuviera un desgaste físico muy feo. Durante los Juegos mi cuerpo no me respondía, me tenían que ayudar a subir a la cama y controlar por si me desmayaba. Fue muy duro eso”, confiesa.

Por otro lado, se encontró sin terminar el colegio, le quedaban algunas materias por rendir y le pesaba el hecho de que sus amigos ya estuvieran en la facultad.

Asegura que no cambiaría nada de lo hecho, que su mamá “se puso re contenta” por la decisión que tomó, y que la persona que más la entendió fue su entrenador, Jeovanni Baeza, porque “sabía que seguir era muy difícil”. Le gustaría volver a involucrarse en el deporte “pero desde otro lado”.

Actualmente estudia Abogacía en la Universidad Nacional de La Plata.

Los remeros Tomás Herrera y Felipe Modarelli lograron juntos grandes actuaciones internacionales en categoría juvenil. Foto: ENARD

“No quería que el remo fuera el eje principal de mi vida”

Felipe Modarelli (19) empezó a practicar deporte de muy chico, y antes de dedicarse al remo pasó por varias disciplinas como el fútbol, rugby, básquet y tenis. Junto al tucumano Tomás Herrera ganó la primera medalla argentina en los Juegos, cuando fueron terceros en la especialidad de dos sin timonel.

Si bien dejó de competir a finales de 2019, era una decisión que venía meditando desde antes de la cita olímpica: “Un poco por el desgaste, pero también porque no quería que fuera el eje principal de mi vida. Pero fue una experiencia hermosa”, remarca.

Consultado sobre si modificaría algo de su trayectoria deportiva, asegura que “no cambiaría nada, porque los errores que cometimos fueron los que nos llevaron a que nos vaya bien en los Juegos”.

En cuanto a la posibilidad de regresar, reconoce: “Es muy sacrificado, requiere de mucho y no sé si estoy dispuesto a eso, aunque no lo considero una etapa cerrada. Muchas veces pensé en ser entrenador o apoyar al club de mi ciudad de alguna manera”.

Terminó la secundaria a distancia, y actualmente estudia el Profesorado de Educación Física y hace el CBC para Abogacía.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Olympic Flame 🔥

Una publicación compartida de Julieta Lema (@julieta_lema) el

“Nadar no me gustaba más, quería empezar una nueva etapa de mi vida”

La natación es, quizás, el deporte que más horas de entrenamiento requiere en el alto rendimiento. La chubutense Julieta Lema (20) decidió hacer toda la preparación para los Juegos en su provincia natal para estar con su entrenador, pero reconoce que “se hizo difícil entrenar sola”.

Después de conseguir muy buenos resultados en Buenos Aires 2018 –fue 13ª en los 50mts libre-, siguió un tiempo más hasta que dejó de competir a principios de 2019: “Ya no me gustaba, no quería eso. Quería empezar una nueva etapa de mi vida”, cuenta desde Chubut, donde se encuentra durante la pandemia de COVID-19.

Al igual que para sus compañeros de delegación, el proceso según Lema “fue desgastante”, pero en su caso no fue el motivo principal para dejar: “Era algo con lo que teníamos que lidiar, en el momento me gustaba nadar y tenía muchas metas que cumplir. Estuve siempre motivada”, cuenta.

La exposición fue algo nuevo para muchos de estos deportistas, que recibieron innumerables pedidos de entrevistas, fotos o autógrafos: “Fue difícil. Tener que hablar después de competir… estoy re agradecida por todo eso, pero a mí no me gustaba tanto. Mis redes medio que explotaron. O iba a algún parque a disfrutar y la gente te venía a pedir fotos. Por ahí te agobiaba, pero era parte del proceso y nosotros lo entendíamos así”, acepta.

Le hubiera gustado tener más ayuda psicológica, opina que “no se le prestaba suficiente atención” a ese tema. No tiene pensado volver, pero esa es su postura actual y si en algún momento cambia no tiene problema en volver a intentarlo. “A mi familia le costaba ver que había llegado tan lejos pero no lo quería más. Algunos entrenadores me decían eso de que es una etapa… pero la verdad es que no me arrepiento de mi decisión”, confiesa entre risas.

Actualmente estudia Arquitectura en la Universidad de Palermo y se recibió de Técnica en Diseño y Animación Digital.

Gerónimo Lutteral en acción en el Río de la Plata, durante los YOG. Foto: FAY

“El proceso fue impresionante, pero quedé agotado”

El Kitesurf, la disciplina que practica Gerónimo Lutteral (19), no forma parte del programa olímpico de Tokio 2020. El joven no había tenido contacto con el alto rendimiento antes de ser preseleccionado para Buenos Aires 2018, y decidió dejarlo una vez que terminaron los Juegos, donde logró pasar a la final y quedó octavo en la general.

La decisión de no competir más estuvo vinculada con el proceso olímpico: “Lo disfruté muchísimo y aprendí un montón, pero quedé agotado. Fue muy desgastante”, reconoce sobre los dos años que pasó inmerso en la preparación para el evento.

“Hubo un momento en el que dije ‘no compito nunca más’. Fue dos meses antes de los Juegos, cuando hicimos un entrenamiento intensivo en Brasil. Yo estaba en el último año de colegio, me perdí la fiesta de egresados, el viaje de egresados. Estaba solo en el medio de la nada, entrenando tres sesiones por día en el agua… fue muy duro. Era muy monótono, estábamos muy solos”, recuerda.

Considera al alto rendimiento “una etapa cerrada”, pero entre risas reconoce: “Cada vez que hay una regatita me dan ganas de meterme. La verdad que me gusta, la competencia tiene algo que me apasiona”.

En cuanto a cómo acompañaron su decisión las personas de su círculo más cercano, cuenta que “por ahí quisieron que siga compitiendo, porque me iba bien y junté mucha experiencia en esos años”. Aunque reconoce: “Si lo vas a hacer por obligación no lo vas a hacer bien, no vale la pena. No hay necesidad de forzar algo cuando uno no tiene ganas de hacerlo. Todos los cercanos, que son los que me importan, saben que fue un período muy duro. Así que tampoco me insistieron demasiado”.

Actualmente estudia Economía y tiene un emprendimiento propio llamado el Mercado del Nauta, una web de compra y venta de equipos náuticos.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Todo listo para representar a la bandera más linda! 🇦🇷❤️✨

Una publicación compartida de ONA ⚡️ROMANI (@onaromani) el

“Nunca más entrené de esa manera”

Ona Romani (18) también compitió en Kitesurf, especialidad en la que consiguió un destacado quinto lugar en Buenos Aires 2018. Asegura que el proceso de los Juegos tuvo “mucho que ver” en su decisión de alejarse de la alta competencia: “Me di cuenta de que había que dedicarle el 100%, y estaba en una etapa muy importante como la adolescencia, en los últimos años de secundaria. No sé si es algo que quiera en este momento de mi vida”.

A ello se le sumaban los extensos viajes para entrenar y competir, ya que reside en San Martín de los Andes. De todas maneras, entiende que la experiencia fue muy positiva: “Para lo que yo quería me hizo muy bien y siento que en mi interior gané. Conocimiento, viajes, gente… aunque haya costado mucho de mi vida, no lo cambiaría ni corregiría”.

Prefiere decir que “no es una etapa cerrada”, pero no tiene pensado volver al alto rendimiento aunque sí “hacer deporte como hobby”. “A los que más les costó fue a mi familia y amigos que me preguntaban: ¿Qué sigue ahora? Costó que entendieran que no sigue nada, o que sigue otra cosa. Lo viví y me encantó, pero no quiero hacerlo más”, asevera.

Actualmente estudia Publicidad. Su hermano menor sigue sus pasos y forma parte del equipo juvenil argentino.

Camila Samsó en su Mendoza natal, durante la grabación del programa #ESPNwoman

“Tenía ganas de vivir otras cosas que había dejado de lado”

La ciclista Camila Samsó (19) es de Mendoza, por lo que en su caso también existió un desgaste adicional al ser del interior. Dejó de competir el mismo año en el que se realizaron los Juegos, donde terminó 16ª: “Implicaba mucho esfuerzo y tenía ganas de vivir otras cosas que había dejado de lado. Quería enfocarme en el estudio, que me gustaba mucho”, sostiene.

Cuenta que la experiencia de los Juegos fue “hermosa” y la marcó “de por vida”, pero no solo para ella fue “desgastante” sino también para su familia. Pudo compatibilizar con éxito la preparación con los estudios: “Salí escolta de la bandera. Me fue bien en el colegio y en el deporte. Creo que hice las cosas bien y supe cuando cerrar la etapa”, admite.

Su deseo es seguir ligada al deporte, pero compitiendo en carreras de aventura como por ejemplo los cruces de montaña. La actividad física es algo que comparte a diario con sus padres y hermanas: además de ciclismo y el ‘trail running’, hacen kayak, atletismo, natación y esquí.

Actualmente está en segundo año de Psicología.

Otro que decidió dejar de competir es el velista cordobés Belisario Kopp (20), aunque en su círculo interno lo quieren motivar para que retome. Y hay quienes, después de alejarse temporalmente de la actividad, regresaron recientemente a los entrenamientos como la remera Sol Ordás (20; campeona olímpica en Buenos Aires 2018), el palista Valentín Rossi (18; medalla de bronce en los Juegos) y la nadadora Delfina Dini (19), que tuvo una gran actuación y logró meterse en dos finales olímpicas.

Desde el ENARD diseñaron un programa especial (TAR) para acompañar a los atletas en su etapa de transición al alto rendimiento, y evitar la deserción deportiva. Además del seguimiento personalizado, el TAR ofrece cobertura médica y una beca mensual de 9600 pesos. Son 129 jóvenes los que forman parte del programa, cuyo objetivo es que puedan “avanzar en sus primeros pasos como atletas de élite”. Como medida es positiva, pero no dejan de ser necesarios otros tantos cambios estructurales para poder afianzar las bases del alto rendimiento deportivo de la Argentina.