Guerra Fría en el tenis femenino: el dominio de Estados Unidos y Rusia - De Taco | Abrimos el juego

A lo largo de la historia, Estados Unidos y Rusia se enfrentaron en numerosas oportunidades y terrenos. Cuando todavía existía la Unión Soviética y sobre todo durante la Guerra Fría, ambos trataron de imponer un modelo social, político y económico a partir de su ideología. El deporte no fue ajeno a esta contienda y fue utilizado, desde uno y otro lado, como herramienta de poder y propaganda.

Estos dos países siempre se caracterizaron por sacar buenos atletas y un gran ejemplo es el tenis femenino, que sobresale por la enorme cantidad de jugadoras nacidas allí que aparecen entre las cien mejores del circuito. Sin embargo, no es solo un fenómeno actual sino que ya lleva sus años y se debe a factores muy variados.

Estados Unidos y el tenis de mujeres tienen una histórica relación con muy buenos resultados y representantes, como es el caso de Billie Jean King, una de las precursoras del profesionalismo y que cambió el rumbo del deporte. El hecho de ser potencia en la actividad le permitió tener varias jugadoras que llegaron al número uno y muchas con incontables títulos. Desde Chris Evert, la primera estadounidense en liderar el circuito, hasta Serena Williams, máxima ganadora de torneos de Grand Slam en la Era Abierta. No hay dudas del nivel individual, como así tampoco del grupal: Estados Unidos se llevó el título de la actualmente denominada Billie Jean Cup en 18 ocasiones -cifra inalcanzable hasta el día de hoy- sobre 30 finales jugadas desde la primera que disputó en 1963.


El legado es increíble y las jóvenes lo ratifican en el presente. Si bien las históricas hermanas Williams siguen en actividad, la más destacada es la joven Sofia Kenin, última campeona del Abierto de Australia y número cuatro del mundo. A pesar de que muchos hablan de la crisis dentro del tenis femenino estadounidense por los escasos títulos en los últimos años, es de los pocos países que tienen tantas jugadoras (17) dentro del Top 100. Además, esta estadística se mantiene en el resto del ranking WTA y en categorías juveniles. Hay varias razones para explicar tal logro y una de ellas son las becas para acceder a estudios, que se pueden conseguir por buen desempeño deportivo y cuyo dinero se reparte por género de manera equitativa.

Esto es posible gracias a la Ley ‘Title IX’ promulgada en 1972, que asegura que “ninguna persona en los Estados Unidos será excluida de la participación, recibirá negligentes prestaciones o será discriminada mientras esté matriculada en un programa educativo o actividad que reciba ayuda federal debido a su sexo”. La misma es aplicable para toda institución educativa, sea pública o privada, y permite que todos tengan oportunidades equiparables de participar o que exista igualdad de trato en todos los ámbitos: materiales, horarios de entrenamientos, calidad en los viajes y vestuarios, entre otras cosas.

El sistema universitario estadounidense aprueba combinar la práctica del tenis con los estudios y el nivel competitivo de las ligas es excelente. Son muchas las tenistas que optan por utilizar las becas para llegar al ámbito profesional, porque aprovechan los recursos que estas brindan ante una actividad que requiere una gran inversión de dinero. Las universidades ofrecen desde las mejores instalaciones hasta entrenadores con experiencia WTA o ATP. Y las becas no solo son para estadounidenses, sino que están a disposición de jugadoras de todo el mundo.

Uno de los casos más destacados en la actualidad es el de Jennifer Brady, tenista de Estados Unidos de 25 años. La actual 40° del ranking femenino y reciente semifinalista del US Open sostuvo que su paso el sistema universitario la benefició para convertirse en profesional: “La universidad ha sido un factor clave en mi éxito. Antes no estaba preparada y no era madura para afrontar un reto así”, aseguró.

 

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Son tan atractivas las becas que ofrece Estados Unidos, que muchas personas deciden aprovecharlas para crecer en el deporte y las argentinas no son la excepción. Juana Larrañaga (18 años y 116° del ranking ITF Junior) está terminando el secundario, pero ya tomó la determinación de seguir su carrera tenística en el país norteamericano. Según explicó, es más que nada por un tema económico: “Mi objetivo principal es llegar a ser profesional y para ello se pueden tomar dos caminos: ir a la Universidad allá o empezar a jugar torneos del circuito. Esta segunda opción es más costosa sobre todo por cómo está la situación económica en Argentina y viajar es bastante más caro. A partir de esto, con mi familia decidimos que lo mejor era pasar por una Universidad en Estados Unidos y después de ahí intentar el salto al profesionalismo”. Actualmente está en proceso de elección, pero tiene varias ofertas y buscará viajar en enero o agosto del año que viene.

En el caso de Rusia, más allá de que históricamente produjo muy buenas tenistas, el legado no es tan abultado como el de Estados Unidos. Sin embargo, tuvo logros excepcionales como los conseguidos por Maria Sharapova. Hoy está retirada y lejos de las canchas, pero cuando se mantuvo en actividad llegó a ser la número uno del mundo y quíntuple campeona de Grand Slam en plena era Williams. Entre otras rusas destacadas, se pueden mencionar a Dinara Safina, Elena Dementieva, Vera Zvonareva y Svetlana Kuznetsova. Estas dos últimas, con 36 y 35 años respectivamente, siguen jugando profesionalmente.

A diferencia de Estados Unidos, el tenis como actividad en Rusia creció en cuanto a la popularidad a partir de la cantidad de jugadoras y jugadores que supieron destacarse después del final de era soviética. Esto no solo provocó que se destaquen individualmente, sino también a nivel equipo, principalmente en el circuito de mujeres. La Federación rusa ganó la actual Billie Jean Cup cuatro veces y se dio el gusto de arrasar con el podio femenino en los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008 con Elena Dementieva (oro), Dinara Safina (plata) y Vera Zvonareva (bronce). Según explicó hace un tiempo Olga Morozova, primera tenista rusa en ganar un Grand Slam, una de las razones del éxito de las chicas de la vieja camada, como Sharapova y las medallistas olímpicas, es que venían todas de grandes familias deportivas que provenían de la época de la Unión Soviética y tenían una base muy buena de entrenamiento.

Durante el último tiempo, se llegó a decir que el imperio ruso llegaba para conquistar el circuito WTA con las veteranas que continuaban en la élite y la nueva generación de jóvenes talentos. A partir de la unión de estos dos grupos, Rusia logró tener en la actualidad a ocho jugadoras entre las cien mejores con Ekaterina Alexandrova, jugadora de 25 años, como la mejor posicionada en el lugar 33°. La siguen de cerca la anteriormente mencionada Kuznetsova (36°), dos veces campeona de Grand Slam en la modalidad de singles, y Anastasia Pavluichenkova (38°), varias veces campeona de títulos ITF y WTA. Otro país que sigue los mismos pasos es Bielorrusia, que formó parte de la  Unión Soviética hasta 1991, con la eterna Victoria Azarenka (13°) que en la década pasada ganó el Abierto de Australia dos veces y la joven Aryna Sabalenka (11°) que con 22 años llevó a su país a la final de la Fed Cup en 2017 por primera vez en la historia. Además, junto a la belga Elise Mertens, se coronaron en dobles del US Open 2019.

A pesar de que por momentos haya otros países con mayor cantidad de jugadoras en el ranking de la WTA, no hay dudas de que Estados Unidos y Rusia fueron grandes dominadores del circuito femenino,  atraviesan un buen presente y tienen un futuro prometedor.