Querer encontrarse: Julieta Lema dejó la natación tras Buenos Aires 2018, a pesar de tener un futuro promisorio en su deporte - De Taco | Abrimos el juego

El agua dejó de seducirla y la calma que encontraba con ella dejó de existir. Esa sensación de paz que le provocaba sumergirse en la pileta, no la volvió a sentir. Su refugio llegó a convertirse en un desconocido. Se sintió fuera de sí, agobiada, expuesta y fue por eso que decidió salir del agua, secarse y caminar en vez de bracear. Hoy baila, estudia y disfruta de una vida completamente diferente a la que en sus cortos 20 años había experimentado. No se arrepiente, le sonríe al pasado y avanza en busca de nuevos desafíos que completen su alma.

Julieta Lema tiene 20 años, nació en Rawson, Chubut, y desde pequeña desafió sus límites en las pruebas de velocidad en natación. Los 50 metros libre fueron su especialidad. En 2018 formó parte de la delegación argentina para los Juegos Olímpicos de la Juventud, donde hizo el récord nacional en los 50 metros mariposa con un tiempo de 27s16. No sin antes consagrarse en su provincia, festejar en el sudamericano juvenil, levantar la Copa UANA realizada en Coral Springs, Miami, -donde bajó el récord argentino en los 50 metros libre con un registro de 25s44-, y participar del Mundial Junior de Indianápolis, donde registró un nuevo récord personal en los 100 metros libre (57s38). Su carrera se iluminaba y el paso a la Selección mayor era promisorio. Pero hubo algo dentro de ella que dijo basta. Ese brillo no la alimentaba como en otros tiempos, y fue así que decidió alejarse.

“Tuve unas vacaciones de una semana en el verano del 2019 y cuando volví a nadar me di cuenta de que no lo quería hacer más, quería que esas vacaciones de la pileta sean eternas”, describe Lema. “No estaba bien anímicamente en ese momento. Seguía nadando, pero no era yo. Ese último tiempo que estuve nadando todo mi círculo íntimo me hizo notar el cambio en mi humor”, agrega.

Fue así, que luego de una concentración en Australia en enero 2019 tomó la decisión y colgó las antiparras. “Siempre hice natación, desde muy chiquita y realmente me dio mucho, pero ahora decidí estudiar y parar un poco, ver cómo es la vida sin la natación. Eso sí, siempre voy a estar relacionada con la actividad porque he cosechado muchos amigos en el medio”, apuntó, tras dar un paso al costado, en una entrevista con TyC Sports.

Quizás haya sido una decisión inesperada para los seguidores del deporte, ya que la joven velocista era una de las promesas de la natación argentina. Sus marcas, su determinación y su entrega la colocaban dentro de los jóvenes talentos. Era determinante en la posta combinada y una batalladora para las pruebas de velocidad, la mejor a nivel nacional. Pero algo dentro suyo hizo que pusiera en pausa su futuro como deportista. Tal vez hayan contribuido a su decisión la soledad de entrenar en Rawson, los constantes viajes a Buenos Aires, el sacrificio de entrenar cerca de ocho horas diarias, los viajes, las concentraciones, los torneos… el alto rendimiento deportivo exige un gran esfuerzo. También se sumaba el estar lejos de su familia y amigos, o tener que tomar decisiones desde tan chica.

“Sacrifiqué muchas cosas para alcanzar mis sueños dentro de la natación. Me perdí mi viaje de egresados y salidas con amigos por priorizar mis entrenamientos y los viajes con la Selección. No me arrepiento de nada, valió la pena y me dio mucho”, describe y agrega respecto de las enseñanzas que le dejó este deporte: “La cabeza es una parte fundamental, hay que trabajarla mucho ya sea para las competencias o la constancia del día a día. Es un trabajo continuo. Tuve el problema de que empecé a entrenar fuerte a los 15 años y todos ya tenían una base de entrenamiento y se notaba la diferencia en las concentraciones. Fue gracias a mis entrenadores que pude trabajar y superar los diferentes obstáculos sin frustrarme.”

Otro motivo que puede haber influido en su decisión de dejar la alta competencia es la exposición vivida en los Juegos de la Juventud de Buenos Aires. La abrumadora ola de fanáticos en las redes sociales, las miradas constantes, la expectativa. Ese ruido ensordecedor, ese foco brillante sobre su cabeza, que no pudo apaciguar con la paz que le provocaba zambullirse dentro del agua.

“Buenos Aires 2018, fue una experiencia increíble. Desde la vida dentro de la Villa Olímpica, hasta la competencia en la pileta. Que haya sido en Argentina también lo hizo muy especial”, recuerda.

Son muchos los posibles motivos, quizás uno haya sido más gravitante que el otro, o hubo algo que sólo ella en su interior sabe y prefiere resguardar dentro suyo. La certeza es que Lema cambió su estilo de vida, se dedicó a los estudios y a encontrarse con ella misma. “Mi vida cambió bastante. Creo que en este tiempo logré enfocarme en mí, encontrarme y me di lugar a averiguar qué es lo que me gusta. No busqué una actividad para suplantar la natación, sino cosas que me gusten o me hagan bien. Hace poco volví al gimnasio que es una actividad que me gusta mucho, pero no logré dar con un espacio cómodo en Buenos Aires. Estoy haciendo clases de baile para mantenerme activa y despejarme de la rutina y de la facultad”, apunta la joven, que está en segundo año de la carrera de arquitectura.

 

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Kanguro squad 💪🏼 Los amo ❣️

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De su carrera por el deporte rescata las amistades que le quedaron. El grupo de personas que la acompañaron en su recorrido y con quienes siente un fuerte apego. Ese condicionante anímico que hacía todo más llevadero. De la natación no extraña nada, y apenas se anima a extrañar la adrenalina que suelta el cuerpo previo y durante la competencia.

“Me dejó muchos amigos el deporte y fueron un apoyo constante. Cuando uno logra separar lo competitivo de la amistad, todo cambia. Empezás a alegrarte por los logros del otro, a alentarlo, a ayudar. Todos sabemos del sacrificio que la natación lleva y cuando alguno logra superarlo se valora mucho”, explica.