El rey de la Fórmula 1: Lewis Hamilton, coronado en un deporte bañado en prejuicios y estereotipos - De Taco | Abrimos el juego

Podrá ser el auto, los neumáticos o el motor híbrido. Podrán ser los ingenieros y mecánicos, el jefe de equipo o la estrategia de carrera. Habrá mejores compañeros que otros, algunos aliados y otros enemigos. Llegará el momento de cambiar de escudería. Será tiempo de nuevas actitudes y maduración. En un año calendario de la Fórmula 1 podrá haber 21 distintos ganadores -uno por cada Gran Premio-, tal vez cuatro, o solo uno. O, en siete años de competencia en la Fórmula 1 podría haber siete campeones diferentes o, como en este caso, un único y absoluto dominador.

Lewis Hamilton apabulló la historia y dejó sin signos vitales a las estadísticas del automovilismo. Su dominio sobre el trazado de Estambul –y en tantos otros- fue feroz, único, sincero. Porque puede haber muchas peleas que dar fuera de la pista. Pero, cuando se sube a su auto de carrera, aquel de color negro con un reluciente número 44, tiene un único objetivo: ganar. En su mente hay hambre de gloria, competitividad al extremo, autoexigencia y amor propio. Así fue que el piloto de 35 años nacido en Stevenage, Gran Bretaña, ganó el GP turco -luego de clasificar en la sexta posición-, y se consagró campeón de la extraña temporada 2020.

 


Este nuevo campeonato es el séptimo en su cuenta personal, y, con el que igualó los obtenidos por Michael Schumacher, récord que parecía inalcanzable. Cada uno de estos siete campeonatos mostró una nueva versión del piloto. Tal vez las últimas hayan sido similares, pero la evolución y madurez del británico fueron evidentes. Pasó de ser un rebelde a apoyar causas humanitarias. De furiosos enojos con sus rivales, a intercambiar brindis arriba del podio con ellos. Supo sortear obstáculos personales, raciales, de estilo. Amansó su ira, controló sus impulsos y sobre la pista fue imbatible. Habrá quienes lo cuestionen y lo apunten, o quienes proyecten en él su ideal deportivo. En un deporte bañado en prejuicios y estereotipos, Hamilton supo convertirse en rey.

En la previa a la 14a cita de un calendario que tendrá 17 GPs, Hamilton fue fiel a sus creencias y puso sobre la mesa aquello que siente más importante que su triunfo: “Naturalmente igualar a un ícono como Michael es algo de lo que estoy orgulloso. Pero me quedo con el mensaje que deja para luchar a futuro, enseñarle a los niños -que son el futuro- a soñar en grande y no dejar que nadie te diga que no se puede”, apuntó.

Porque si de luchas se trata, este año fue él quien levantó las manos, puso su puño en alto y alzó su voz. Aprovechó la oportunidad, consciente de su exposición, su llegada a la audiencia y con una federación (FIA) que lo apoyó. “Creo que lo que hace distinto a este campeonato es el viaje que comenzamos en la lucha por la igualdad y el proceso de aprendizaje en ver lo que realmente está pasando en el mundo y generar conciencia y cambios”, destacó en una rueda de prensa.

Hamilton es un claro dominador de este deporte ultracompetitivo y un batallador insaciable que se lleva por delante todos los récords. Alcanzó 94 victorias, 97 pole positions, 53 vueltas más rápidas y 163 podios. Corrió un total de 264 Grandes Premios en toda su carrera, donde llegó a ganar más de la mitad (11/21) en 2014, 2018 y 2019 y en 2020 ya logró diez de 17. Lo que hace grande a este piloto es su estrategia de carrera, donde siempre sorprende con algo diferente a los demás. En los últimos años su velocidad por vuelta fue casi imbatible, y a ello se suma su talento para pasar rivales y su gran capacidad para decidir y definir siempre a máximas velocidades. Con más o menos grip, con gomas blandas o duras, el inglés es un piloto extremadamente fuerte en lo mental, y ahí es donde saca diferencia.

Como si a este 2020 teñido de pandemia le faltara mayor carga emocional, Hamilton logró hacer eco de sus palabras y actitudes, protagonizando la lucha de Black Lives Matter dentro de su deporte. Cambió la ceremonia de apertura de cada carrera y llevó a que todos los pilotos luzcan la remera negra y posen por la causa para generar conciencia. Todo esto apoyado por su propia iniciativa en sus cuentas personales de redes sociales, sus discursos y sus acciones –en junio formó parte de las protestas en Hyde Park en contra del racismo y la brutalidad policial-. “Estoy haciendo mi parte y creo que es importante continuar por este camino”, se encargó de repetir a lo largo de las competencias.

 


Pudo dejar atrás aquellas polémicas apariciones de sus comienzos en la Fórmula 1. Esa imagen de rebelde a quien por manejar en la ruta con exceso de velocidad o usando el celular, le suspendían su licencia de conducir. Dejó de festejar la presencia de las mujeres “grid girls” en la pista y bañarlas en champagne. Aprendió a domar sus reaccionar, como cuando en 2012 en el GP de Bélgica culpó por su mala clasificación a la decisión de su compañero de equipo de usar un tipo de gomas diferente y expuso el informe telemétrico en sus redes sociales, una actitud que evidenció su falta de códigos.

En 2016, durante sus vacaciones, quiso apoyar a una fundación que protege tigres de bengalas blancos en México, y su iniciativa provocó lo contrario. En ese viaje, subió fotos y videos a sus redes sociales junto a los animales, y el grupo PETA, que se encarga de protegerlos, lo atacó e hizo público el mal trato que reciben esos tigres por ser drogados y no puestos en libertad. Fue siempre catalogado de ‘fiestero’ y un irresponsable por viajar por diferentes ciudades y asistir a varios eventos entre carreras. Se llegó a distanciar de su padre –ahora están reconciliados- por sus diferencias, y hasta le faltó el respeto a la prensa durante las conferencia en los días de atención a los medios. Llevar el foco lumínico encima no fue siempre favorable.

Hace ya unos años se muestra centrado y enfocado. Es amante de los animales -se lo puede ver siempre junto a Rosco, su perro y fiel compañero del circuito- y de la naturaleza. Además se hizo vegano y no consume productos de origen animal, a lo que sumó un camino de toma de conciencia del cuidado del medio ambiente. Pero su lucha más importante dentro del paddock es por la igualdad. Por eso, este año cambió el histórico color blanco del auto Mercedes por el negro, pintó su casco para potenciar su causa, lució remeras con insignias (polémicas o no) para generar mayor visualización, elevó su puño, y con todo ello logró su cometido de generar conciencia.

Tras sus tumultuosos inicios, hoy disfruta acompañado por un gran equipo de profesionales que empieza en el garaje con Toto Wolff -jefe de equipo de Mercedes-AMG Petronas Formula One Team-, y sigue con todos los ingenieros y mecánicos, hasta llegar a su fisio, Angela Cullen, que ocupa un lugar importante en su rutina. Fue la neozelandesa quien supo sumar en él, desde 2016, un alto grado de reflexión e introspección y de calidad de vida distinta a la que llevaba. Pasó de ser un atleta de elite, a ser el mejor deportista posible. Por eso, el tatuaje con la palabra ‘Loyalty’ que lleva todo este grupo de personas inscripto en su muñeca izquierda, los une, los potencia, los hace únicos.

Este séptimo World Championship es la coronación de todo esto. Es el reconocimiento a un camino que comenzó en McLaren, con su compañero Fernando Alonso y su sorpresivo subcampeonato en 2007 y el festejo en 2008, todavía como rookie. Siguió con Heikki Kovalainen y Jenson Button. Fueron años de peleas, aprendizajes y experiencia con los mejores de la Fórmula 1.

Pero su historia mutó en 2013. Fue ahí cuando comenzó a gestarse este nuevo piloto campeón. Ese año, Hamilton pasó a su escudería actual -lugar que dejó libre el único e imbatible Schumacher– y su historia sobre el trazado cambió, no sin antes sortear algunos obstáculos. El primero, su relación conflictiva con Nico Rosberg y la feroz competencia entre ambos, dentro y fuera de la pista. También, el cambio a los autos híbridos y su adaptación a uno más ligero y con mayor potencia. En su año debut fue cuarto (Rosberg fue décimo), para luego ya sí, dar comienzo a una era de dominio total.

Desde 2014 fue imbatible, apenas se le escapó el campeonato del 2016 por cinco puntos de diferencia (385 vs 380) con su compañero de equipo, Rosberg, en su año despedida. Luego se quedó con todo lo disputado. Fueron cuatro títulos logrados de manera consecutiva. La competencia interna, el compañerismo y la dupla que supieron conformar con el finlandés Valtteri Bottas desde 2017, enaltecen su figura. Hoy Mercedes festeja, y vaya si sabe de eso. También duda, ya que el británico aún no aseguró su continuidad en el equipo. Pero confía, porque el hambre de gloria de su piloto número uno parece no saciarse, y con el trofeo en sus manos ya se relame y proyecta alcanzar el siguiente. A ser el mejor de todos los tiempos se dirige, esperemos.