De amor, de guerra y de tradiciones: Una pareja olímpica - De Taco | Abrimos el juego

“¿Bailamos?”, preguntó el pentatleta argentino Emmanuel Zapata. La destinataria del ofrecimiento era la ucraniana Iryna Khokhlova, que lo tomó de la mano y salió con él a la pista en la fiesta del Mundial Junior que se realizó en Buenos Aires, en 2011. No hablaban el mismo idioma, ni siquiera podían comunicarse en inglés, pero tenían en común la práctica del pentatlón moderno, un deporte olímpico tradicional.

Fue el barón Pierre de Coubertin, impulsor de los juegos olímpicos modernos, quien, sin quererlo, sentó las bases para que Emmanuel e Iryna se conocieran. Buscaba una disciplina que combinara distintas destrezas y coronara al “atleta completo” de los juegos. Coubertin tomó entonces el pentatlón que se practicaba en la antigua Grecia, lo reformuló, y lo incluyó en el programa olímpico para que debutara en los juegos de Estocolmo 1912.

Pero pasarían muchos años hasta que esta disciplina olímpica contemplara la rama femenina, ya que, según el barón “las mujeres solo tienen la labor en el deporte de coronar a los campeones con guirnaldas”. Así fue que el deporte femenino se incorporó de manera muy paulatina al programa olímpico, y el pentatlón moderno para las mujeres recién debutó en Sydney 2000. Pero para Emmanuel e Iryna, aún no estaba en los planes más remotos dedicarse a esta actividad.

Foto: Gentileza Emmanuel Zapata

Emmanuel nació en Buenos Aires en 1986, el año en el que 2 noticias muy distintas pusieron a Ucrania y a la Argentina en las portadas de todos los periódicos del mundo.

Ucrania, por entonces todavía bajo el régimen soviético, protagonizaría el mayor accidente nuclear de la historia. En abril, muy cerca de la ciudad de Chernóbil, los operarios de la central Vladimir Ilich Lenin se disponían a probar un reactor pero desconocían en profundidad las deficiencias del sistema. El experimento que realizaron provocó una catástrofe que esparció partículas radioactivas por todo el continente europeo.

También ese año, a miles de kilómetros de la ciudad natal de Emmanuel, un tal Diego Armando Maradona llenaba de fútbol el estadio azteca para vencer a los ingleses en las semifinales del mundial de fútbol de México, con 2 goles de antología. Días más tarde Jorge Burruchaga recibía un pase filtrado del mismo Maradona, para marcar el 3 a 2 definitivo ante Alemania que consagraba al seleccionado masculino campeón mundial, y desatar así una de las mayores felicidades colectivas que vivió el país.

1986  será un año difícil de olvidar para argentinos e ucranianos. Incluso para los que aún no vivían, como es el caso de Iryna. Nació en Donetsk en 1990, solo un año antes de que Ucrania declarara su independencia de la Unión Soviética, que se disolvió definitivamente poco después.

Foto: Gentileza Emmanuel Zapata

A pesar de la disolución, Ucrania mantuvo ciertas políticas de estado soviéticas, como el fomento masivo de la práctica deportiva. El deporte constituía, además, una poderosa herramienta para reinventarse y mostrarse al mundo. El debut en los Juegos Olímpicos se produjo en Atlanta 96, y en solo 6 ediciones de verano consiguió 121 medallas (Argentina ganó 74 en 24 ediciones).

Iryna siguió la tradición deportiva de su país y a los 7 años se inició en la natación. A los 17, cuando terminó el colegio, decidió dejar la actividad porque entendía que había llegado al tope de su rendimiento, y que no le alcanzaría para garantizarse un sustento. Quiso entonces dedicarse a otra cosa que le permitiera generar un ingreso y forjar un futuro. Fue durante esa transición que conoció a un entrenador que le propuso probar con el pentatlón moderno, deporte en el que él le auguraba mayores posibilidades. Solo un año más tarde viajó a China para competir, y los buenos resultados le permitieron integrar la selección de su país y lo más importante para ella: cobrar un sueldo.

Por su parte Emmanuel competía a nivel panamericano, y tenía como aspiración de clasificar a unos Juegos Olímpicos. Su carrera tuvo un gran impulso a partir de la creación del Enard, que le permitía costearse viajes para competir y entrenarse al más alto nivel. De padre militar, un entrenador perteneciente al ejército lo vio correr y le propuso dedicarse al pentatlón olímpico, deporte en el cual Argentina tenía poca tradición, y en el que no clasificaba a unos juegos desde Roma 1960.

Después de aquel baile en 2011, Iryna logró la clasificación a los juegos de Londres, donde terminó décima. Emmanuel no pudo clasificarse pero viajó como reserva, quizás una de las opciones más frustrantes para un deportista, ya que deben esperar en un hotel fuera del límite olímpico, y mantenerse en forma por si se baja algún deportista y se libera una plaza. Sí pudo presenciar la gran actuación de Iryna, e incluso visitarla en la Villa Olímpica.

Una vez concluidos los juegos, empezaron a construir una relación a la distancia. Se veían en distintas competencias, y Emmanuel viajaba a Ucrania para visitarla y entrenar juntos. Iryna tenía allí muchas facilidades, ya que las federaciones garantizan a los deportistas todas las herramientas necesarias para que solo se ocupen de entrenarse y competir. Firman un contrato que no solo les permite cobrar un sueldo independientemente de los resultados, sino también hacer aportes e incluso acceder a créditos bancarios, a diferencia del sistema de becas argentino.

Pero en 2014 muy cerca de Donetsk, donde Iryna residía, se desató un conflicto entre Ucrania y Rusia que se conoció como la “Guerra en el Donbáss”. Debido al enfrentamiento armado tuvo que abandonar su ciudad y mudarse a Kiev. Allí vivió en un cuarto compartido muy pequeño, donde no podía recibir a Emmanuel, y tenía grandes dificultades para entrenarse.

Foto: Gentileza Emmanuel Zapata

Fue ese momento cuando decidieron viajar juntos para instalarse en Argentina, aunque por este motivo la federación de su país le informó a Iryna que no podía afrontar los gastos para hacerla viajar y competir en los torneos europeos. A fines de 2014 se casaron y empezaron los trámites para que Iryna se nacionalizara argentina y gestionara una beca. Superadas las dificultades, ambos compitieron en Río 2016.

La próxima antorcha olímpica partirá de la ciudad japonesa de Fukushima, que en 2011 fue víctima de un sismo, que provocó una catástrofe nuclear, la segunda más grave después de Chernóbil. Simbolizará la reconstrucción de un país, según declaraciones del Comité Olímpico de Japón. Y tanto Emmanuel como Iryna esperan ser testigos del encendido del tradicional pebetero el 24 de julio del año que viene durante la ceremonia inaugural.

Pero primero tienen una cita importante en los Juegos Panamericanos de Lima. Allí intentarán garantizar su presencia en Tokyo 2020,  para continuar su historia de amor y compartir su segunda experiencia olímpica como marido y mujer.