Carlos Delfino: "No sé qué voy a hacer si no juego al básquet" - De Taco | Abrimos el juego

Si bien cerró esta temporada consagrándose campeón en la serie A2 y consiguiendo el ascenso al Pallacanestro italiano con el Fortitudo Bologna, actualmente, Carlos Delfino, no tiene club para volver a jugar: “Mi gran desafío hoy es tratar de volver a ser mi mejor versión, y es por eso que, hasta el día de hoy, yo me considero un jugador de básquet a pesar de que no esté jugando desde hace un par de meses”, sostuvo.

– ¿Hay algo que te falte conseguir o hacer en tu carrera?

-Seguir jugando. Si está la situación de jugar, divertirme, estar con gente que quiero y poder disfrutar juntos, absolutamente quiero seguir. Estoy en un momento de mi vida que puedo tener problemas de cualquier aspecto, pero realmente no le debo nada a nadie. Estoy satisfecho con lo que he logrado, pero no sé qué voy a hacer si no juego al básquet; sólo puedo darme el gusto de decir que viví mi sueño. Soy muy joven para mi próximo capítulo, y no sé en qué me reinventaré. Tal vez esté ligado al campo o a otras cosas que no tengan nada que ver con el básquet, pero lo que sea que haga, voy a tratar de ponerle la misma pasión que le pongo a ser jugador de básquet. Hoy estoy sin entrenarme en un club, pero igual me entreno toda la semana. Sigo tratando de saltar, de mejorarme, de no crear panza, de seguir corriendo y estar bien físicamente para, si hay una posibilidad de que pueda ayudar a alguien, estar listo. Por eso digo que me sigo sintiendo un jugador de básquet. Lo voy a seguir haciendo, no sé hasta cuando, pero hoy me siento así. Me divierte agarrar una pelota, saltar, volcarla para adelante y para atrás, con las dos manos o como lo pueda seguir haciendo. Estoy siempre pendiente de qué chance, qué puerta o qué ventana se pueda abrir como jugador, y después veremos. Uno nunca sabe…

-Y llegado el momento del retiro… ¿Te ves ligado al deporte como entrenador o dirigente?

-Por el momento no pienso en el retiro, sigo siendo un jugador de básquet. Es lo que pongo cuando paso en el aeropuerto, es lo que me gusta hacer y es para lo que viví. Con la edad uno se pone en cuestionador de entrenadores, de dirigentes, de organizadores y de todo porque ha crecido y vivido una vida en este deporte, y trata siempre de buscar el máximo de cada cosa. Hoy me veo como jugador, quien sabe en el futuro, por ahí más de dirigente que de entrenador. Nunca me gustó el rol de entrenador y nunca lo vi con buenos ojos. Sí me gustaría trabajar con chicos, hacer campamentos y ayudar a los más jóvenes. No me veo en un rol de entrenador, pero no cierro ninguna puerta porque sería estar ligado al deporte que amo tanto, que es el básquet. Si tengo que elegir entre entrenador o dirigente, me veo más como un dirigente.

-¿Te veías retirándote en el Fortitudo Bologna o hay Carlos para rato?

-Si me preguntabas hace un par de meses, me hubiese gustado retirarme en el Fortitudo. De hecho, cuando firmé para terminar la liga con ellos y para bajar a jugar en la segunda división, todos me decían de tener una opción para jugar este año, y yo por una cuestión de cariño y como gesto de hincha, no quise firmar nada. Después terminé quedando afuera del Fortitudo, pero eso no quita que haya disfrutado lo que viví y que quiero que les vaya bien. Pensé que me iba a retirar jugando ahí…después uno va viendo qué pasa y cómo se acomodan las piezas.  Hasta hoy la última pieza de mi jenga fue jugar en el Fortitudo de Bologna, con un equipo al cual quiero mucho. En el futuro no sé qué va a pasar, trataré siempre de no traicionar mis ideales y de jugar en lugares donde algo me ate a la institución y a los colores, después se verá. Uno va creciendo, van pasando cosas, los hijos se ponen grandes, la escuela, los viajes y la distancia. Mi familia está radicada en Italia y eso hace que cuando me llame un equipo y tenga que tomar una decisión, siempre ponga en la balanza ciertas cosas. Son más las veces que declino porque siempre lo primero que pienso, hoy por hoy, es la familia, el estar cómodo con los chicos y estar cerca de ellos. Si hay situaciones que me permitan estar cerca de mi casa, jugar, y estar al lado de gente que me ha visto crecer y con la cual me divierto gastando tiempo, estoy abierto a seguir jugando.

– ¿Qué significó para vos volver al Fortitudo?

-La decisión de jugar en el Fortitudo fue algo muy “romántico”. Casi todas mis decisiones sobre los clubes donde he jugado han pasado más por el lado emotivo. Económico ni hablar, pero más que nada, por el lado emotivo. Bologna fue un escalón muy importante en mis inicios, un trampolín para mostrarme dentro de Europa y dar el salto a lograr mi sueño que era jugar en la NBA. Ahora con la edad que tengo, con lo que me había sucedido el año pasado con mi salida de Torino, algo impensado, y que se me presente la oportunidad de devolverle un poquito a los hinchas, de vestir de nuevo esa camiseta y de siempre poder jugar un par de partidos o minutos delante de mis hijos, quienes por ahí se perdieron la parte linda de mi carrera…por todo eso no dude en volver.

El Fortitudo Bologna es el último club en el que jugó Carlos Delfino. Fue su segundo paso por la institución. Foto: Fortitudo Bologna

-Tuviste lesiones que marcaron mucho tu vida, sin embargo, te hiciste más fuerte… ¿Cómo se hace para continuar después de pasar por una conmoción cerebral como la del 2010, o superar 16 operaciones y jugar en los JJOO de Rio 2016?

-Creo que tuve mala suerte con las lesiones. Es algo que uno siempre quiere evitar porque es la gran frustración de un deportista. Todos empezamos en esto por diversión y por la competencia, crecemos dentro de la misma y nos volvemos animales de competencia. Entonces uno siempre se entrena, se machaca, trabaja y planifica en base a las competencias, sean individuales o grupales, aunque cuando uno se lesiona es absolutamente individual. En mi caso no sé si hablar de mala suerte o cómo tomarlo…nunca lo voy a entender; pero puedo decir que he sufrido lesiones que son poco comunes para el básquet y eso hace que todo sea más difícil. Creo que lesiones comunes de básquet son el hombro, una caída, una doblada de tobillo o rodilla. Yo tuve dos conmociones cerebrales, el tema del pie y cuando se me “desengancharon” los aductores. Creo que fueron lesiones que uno no desea, no controla, no está acostumbrado, no sabe cómo tratarlas y tiene la incertidumbre de no saber cómo volver. No creo ser ejemplo de nada, pero uno cuando no puede competir en una cancha, compite para sobrepasar las piedras que hay en el camino, y mi gran desafío fue siempre tratar de volver. Yo trato de que cualquier lesión por pequeña o grande, no sea más que una gran motivación de superación para seguir adelante. Obviamente teniendo en cuenta que las lesiones que yo tuve no fueron irreversibles, yo sigo viviendo, teniendo mi vida a diario y con una calidad absoluta. Simplemente trato de seguir adelante y si no, morir en el intento. Pero siempre tratando de ver la parte positiva.

-Dijiste que uno arranca jugando para divertirse… ¿Cómo puede ser que haya tantos deportistas que se deprimen durante su carrera y en el pos?

-Hay que ver el grado de diversión, de pasión y de amor que uno le pone a lo que hace. Yo desde mi pequeño mundo amo muchísimo jugar al básquet, el deporte, la competencia y no puedo dejarlo. Hay momentos en que estoy como para decir hago otra cosa, no tengo que estar haciendo esto y sufriendo después de un mal partido o una derrota. Pero al mismo tiempo ese es el animal que tenemos adentro y es lo que nos hace querer superarnos a nosotros mismos. Yo creo que quien lo sufre no lo vio tanto como una pasión, sino como un trabajo, sobre todo durante la carrera. En el pos-carrera lo veo como quien realmente amó esto, pero biológicamente no lo puede hacer más como antes, y creo que ese es el gran problema. En este caso sería como un reloj de arena, lo que vas sumando de arena es lo que vas ganando en la cabeza y lo que vas perdiendo es lo que restás atléticamente.

-¿Qué fue lo mejor que te dio ser parte de la Generación Dorada?

-Creo que fui el que más aprendí porque soy un poco el benjamín de ese grupo medallista de oro. De esa medalla y de ese grupo, yo aprendí un montón. No solamente en una concentración o dentro de una cancha, sino en charlas, en vivencias, en ejemplos, en el día a día, en tomar un mate o un fernet con uno o con otro, y hasta en jugar al truco. Uno crece, se va dando cuenta de muchas cosas y la verdad que siempre lo tomé como un gran privilegio el haber tenido la chance de formar parte de ese grupo. Obviamente eso es algo que, como siempre dije, ninguna camarita o video que me puedan mostrar me va a hacer vivir lo que tengo grabado en mi cabeza. Hace poco me robaron la medalla de bronce (Beijing 2008), y es algo invalorable para mí por una cuestión de vivencia y participación. La medalla de oro del básquet olímpico del 2004 creo que es una de las cosas más importantes que han pasado en el deporte argentino. Creo que el haber sido parte es algo inmenso e invalorable. Subirse a un podio, escuchar el himno… todas las cosas que uno va dejando en el día a día, en cada entrenamiento, en cada viaje y en cada gota de sudor que uno trabaja, porque es nuestro trabajo, creo que todo eso se vio reflejado en esa medalla. Decía lo de la medalla de bronce porque hace muy poco me decían “bueno vamos a hacer una medallita y ya está” y uno no entiende que una medalla olímpica es algo inalcanzable. Ya verla te tiene que poner la piel de gallina, no quiero exagerarlo tanto, pero creo que es algo que no hay que volverlo terrenal. Creo que lo vamos a ir valorando con el tiempo porque en un país de bajitos haber logrado eso y haberles ganado a los mejores de la historia, creo que le da un valor absoluto.

-¿Cómo viste a la Selección en el Mundial en China con el liderazgo de Luis Scola? ¿Te sorprendió alguno de los jugadores?

– Estaba en Italia y trataba de seguirla como podía, no me perdí casi ningún partido. La verdad es que soy sincero cuando digo que me sorprendió, pero para bien, porque el equipo llegó a un lugar impensado para cualquiera que haya estado afuera de ese vestuario. Creo que uno cuando va y mira los candidatos, las potencias, los nombres, el tiempo de trabajo de cada equipo, pone muchas cosas en la balanza y la verdad es que antes del torneo, Argentina no estaba entre los candidatos. Pero en base al trabajo, el desarrollo, al talento, a jugar sobre todo en equipo y a una química que se logró justo en el momento indicado, hizo que el equipo jugara divino, que defendiera extraordinariamente y sacara de la cancha a equipos que fueron sorpresa. La realidad es que Argentina se colgó de nuevo una medalla, que el equipo es joven y puede seguir creciendo. Obviamente Luis (Scola) como capitán, como líder, experiencia y como todo lo que es su legado va delante de todos. Pero creo que cómo jugó, cómo se desenvolvió y la actitud que tuvo el equipo se lleva todos los aplausos. También ayudó mucho que el básquet ha mutado en una dirección en donde los bases tienen muchas determinaciones, decisiones y mucho control sobre lo que un equipo puede hacer dentro de una cancha. Me animaría a decir que Argentina goza de tres bases y medio, o lo dejo en tres que son los que están jugando: (Facundo) Campazzo, (Nicolás) Laprovittola, y (Luca) Vildoza. Ellos son tres ases del manejo de juego y pick and roll, del ritmo, de la potencia y de cómo jugar en el básquet de hoy por hoy. La otra mitad, desde mi humilde opinión, es (Leandro) Bolmaro, que no estuvo en el equipo, pero estuvo ahí cerca. En el futuro cuando le toque entrar, va a estar en la discusión. Argentina gracias a dios goza de jugadores de una gran jerarquía en esa posición y vamos a disfrutar de un buen presente por mucho tiempo.

Carlos Delfino debutó en el seleccionado argentino mayor a los 21 años, en 2004. Foto: CABB

-¿Creés que todo jugador tiene que reinventarse para triunfar?

– Sí, creo que uno tiene que ir reinventándose desde la manera de entrenarse, alimentarse, entrar a una cancha, encarar cada día, cada entrenamiento y cada sesión de trabajo. Creo que si uno hace siempre la misma ecuación te va a dar el mismo resultado, entonces uno tiene que tratar de buscar distintas maneras de generar un resultado positivo. Creo que desde muy chiquito siempre me enseñaron a tratar de saber la mayor cantidad de cualidades técnicas dentro del básquet: cuando supe manejar mi mano derecha, trataba de manejar mi mano izquierda; cuando supe tirar, trataba de penetrar; cuando supe atacar, trataba de defender; y cuando supe pasarla, trataba de picarla. Creo que uno siempre tiene que tratar de copiar y aprender del otro, sea de manera visual, hablando, viendo un video de un ídolo o de un no ídolo porque no hay una sola manera de jugar al básquet. Si aprendés a hacer el ‘euro step’ de Ginóbili, no vas a ser Ginóbili, no lo vas a hacer como él y no vas a tener el resultado de él. Con esto quiero decir que la técnica perfecta de lanzamiento no te va a hacer meterla siempre, entonces uno tiene que copiar pequeños detalles, buscar resultados y mejorarse para reinventarse y tratar de ser la mejor versión posible de uno mismo. Eso como estandarte y después tratar de ayudar al equipo en lo que necesita. Desde muy chico traté de hacerlo y fui enseñado en tratar de ayudar al equipo desde cualquier posición que el entrenador me pidiera. Soy un agradecido porque realmente veo el básquet en pos de ayudar a un grupo de trabajo a conseguir un resultado. La verdad es que lo he disfrutado de esa manera y lo enseñaría, lo explicaría y lo predicaría así.

-¿Te arrepentiste de alguna decisión que tomaste en tu carrera?

-Creo que no solamente en mi carrera. Uno en la vida, con el diario del lunes, quizás piensa las decisiones que toma. Pero uno también muere con sus decisiones. Hay que ser lo suficientemente fuerte, hombre y  persona como para tratar de afrontar y terminar la decisión que uno toma desde el principio hasta donde tenga que llegar. Uno tiene cosas que quedan marcadas que, poniéndolas en la balanza, se pregunta quizás qué hubiese pasado…pero ese quizás no tiene sentido porque, hasta ahora, no está la maquinita para volver atrás en el tiempo. Hay que saber seguir afrontando el juego, dentro y fuera del campo. Creo que eso es lo lindo, ir armando o desenrollando nudos, que a veces son más fáciles y otras más difíciles, pero hay que afrontarlos a todos y después vivir con la elección.

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