¿Qué le aporta la perspectiva de género al fútbol argentino? - De Taco | Abrimos el juego

Son los mismos artistas argentinos quienes aseguran que si sus canciones son reversionadas por las hinchadas, trascienden hacia la eternidad. “Me pintaron la cara”, “estoy en la B” o “pegó en el palo”, son algunas frases de la vida cotidiana extraídas de nuestro fútbol y que componen un reflejo de lo presente que se encuentra este deporte en nuestra cultura.

El fútbol es el deporte nacional por excelencia. Si hablamos de “argentinidad”, es imposible pensar que gran parte de ese componente no está teñido por el folclore futbolístico. Y como agente cultural, impregna y transmite hábitos en el ámbito social: el club se convierte en un espacio generador de sentido y el hincha, legitimador del discurso.

La tradición “futbolera” se construyó como un lugar hecho de hombres y para hombres. Pero, como parte del entramado social, no escapa a una coyuntura actual donde las mujeres y las disidencias tras años de lucha, empiezan a materializar en acciones concretas demandas históricas.

En la Primera División, diez clubes ya cuentan con protocolos de actuación e intervención por violencia de género y orientación sexual, y parte de estos institucionalizaron áreas, subsecretarías o comisiones de género. ¿Qué significa entonces que la perspectiva de género haya atravesado un espacio de tanto peso cultural como el fútbol? Si nos referimos a este fenómeno como “histórico”, ¿qué discursos mueren y cuáles nacen? ¿Qué lugar real ocupa aquello que escapa a lo construído como fútbol desde lo masculino?

Verónica Moreira, antropóloga e investigadora de CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina), realizó un estudio referido a las relaciones entre fútbol, violencia y política. Sobre este fenómeno, explicó que hay una ruptura en la estructura troncal construida hasta el momento: “Históricamente el fútbol ha tenido como referencia a la práctica de varones. Además, existe una manifestación de la pasión muy radicalizada. Al otro hay que degradarlo, desjerarquizarlo. Se entiende al otro como un enemigo a eliminar y eso se torna como una forma de ver al mundo. Acá es donde aparece la disputa: los feminismos vienen a representar de otra forma. Existe una articulación y organización colectiva entre hinchas, socias, personas afines a colectivos disidentes. Hay una construcción de proyecto horizontal y esto es muy novedoso en el fútbol”, indicó.

Avanzar más allá de la postura

Durante la última semana de junio, muchos clubes realizaron publicaciones demandando más tolerancia a la diversidad a raíz de un nuevo aniversario del Orgullo LGTBTI. Lanús fue uno de ellos: publicó una efemérides y días más tarde, realizó otra publicación que expuso comentarios de sus propios hinchas con mensajes homofóbicos y misóginos.

Paula Ricciuti, gerente de Marketing del Granate, indicó que la repercusión de la publicación fue inédita: “Si bien sabíamos que era una idea transgresora dentro del fútbol que daba una vuelta de tuerca más, no esperaba que se diera semejante repercusión. Por un lado fue súper gratificante pero, por otro, una cachetada de realidad porque nos dimos cuenta de que el fútbol está lejísimos de entender y aceptar las diversidad”, le contó a De Taco.

A nivel institucional, la profesional manifestó que se está trabajando no sólo en tomar postura frente a la intolerancia, sino avanzando con mensajes más determinantes: “Nos pareció que era el momento de recoger el guante y no permitir que proliferen estos mensajes de odio y repudiarlos en un clip con una idea muy simple: insistir en promover la igualdad de derechos”, explicó.

Por su parte, Estudiantes es uno de los clubes que cuenta con la Subsecretaría de Género y Diversidad de manera institucionalizada. La pandemia fue provechosa para el Pincha, que ya desarrolló estratégicamente el Plan de Capacitación en Género y Diversidad en pos de ser la primera institución deportiva en promover la Ley Micaela en la provincia de Buenos Aires. Este proyecto de ley, impulsado por el legislador Nicolás Russo, quien además es presidente del club Lanús, obtuvo la media sanción de la cámara de Diputados y próximamente buscará su aprobación en el Senado.

El club platense contó con la prestigiosa presencia de la socióloga e investigadora Dora Barrancos, quien desarrolló un encuentro destinado a miembros de la Comisión Directiva y cargos ejecutivos de la gestión, además de presentar oficialmente su protocolo para la prevención e intervención ante situaciones de violencia de género. “No se trata solamente de establecer mecanismos institucionales o dar pautas internas, también tiene un valor simbólico muy fuerte hacia adentro y hacia afuera. Se trata de empezar a poner en palabras la violencia, no sólo para les hinchas sino también para les que trabajan en el club, les deportistas, formadores o miembros de las filiales, pero también para la sociedad”, indicó Paula Aberastegui, responsable de la Subsecretaría de Género y Diversidad.

El partido más difícil

Si bien el avance hacia una mirada más inclusiva en el fútbol es inminente, el desafío de reconstruir nuevos sentidos con un horizonte que rompa con una lógica masculinizada tiene mucho por delante. En nuestro fútbol, competir significa excluir. Es decir, el sentido de pertenencia se construye desde la diferencia. Lo que no encaje en esa lógica, legitima la discriminación.

Quizá sea este el gran desafío de la perspectiva de género: repensar desde la formación el rol de los clubes en nuestra sociedad. Edificar nuevos sentidos: atender la emergencia de la inclusión y a su vez, reconstruir progreseivamente un folclore que incluya otros tintes de color de la misma bandera. “Entendemos que existe reconocimiento en términos sociales de estos nuevos espacios, pero en la práctica depende lo que cada club haga. La pregunta es si realmente hay mujeres en lugares jerarquizados de decisión”, recalcó Verónica Moreira.

Desde su experiencia con el Pincha, Aberastegui reflexiona sobre el nuevo lugar de las mujeres en los clubes: “Lo que venimos a hacer las compañeras que estamos trabajando tanto dentro como fuera de las instituciones, es empezar a pensarnos como sujetas políticas con todo lo que eso significa: poder ocupar espacios de decisión, incidir en la política institucional y desarmar esa función decorativa. No somos la parte linda, también podemos ser la parte dura”, concluyó.

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