El cheerleading en Argentina: acrobacias para romper estereotipos - De Taco | Abrimos el juego

En Argentina, la palabra “porrista” suele relacionarse de manera automática a un marco internacional: chicas estadounidenses en los timeouts (tiempos muertos) de fútbol americano o NBA, llevando a cabo coreografías casi tan perfectas como sus peinados tirantes; con porras en sus manos y marcando cada movimiento. Ese agregado en formato “show” que se realiza durante un partido.

Pero superar esa percepción en esta coyuntura es tan emocionante como necesario: hablamos del cheerleading. Se trata de un deporte con autonomía, reconocido a partir de 2016 por el Comité Olímpico Internacional (COI). De hecho, hará su debut en Tokio 2020 que se llevarán a cabo en 2021. Si bien la cuna de la disciplina es Estados Unidos, ya que se promueve desde los colegios hasta las universidades, cada vez son más países los que cuentan con federaciones nacionales.

Se divide principalmente en tres categorías: Cheer (en grupo y en el que se realizan pirámides y acrobacias), Poms (acrobacias con pompones) y Dance (bailar break dance, un estilo urbano que forma parte del movimiento de la cultura hip hop). Por otra parte, vale destacar que es una actividad mixta ya que incluye a mujeres y varones.

Ahora bien: ¿Se puede pensar una práctica tan arraigada a la cultura estadounidense a nivel local? ¿Cómo se resignifica con “lo nuestro”? ¿Por qué es tan urgente superar el horizonte del estereotipo del cheer como un espectáculo de chicas cosificadas que “adorna” a otro deporte? En Argentina, la disciplina se practica desde 2006, cuando se formó el primer equipo en la provincia de Córdoba. El país cuenta con su propia Federación de Porrismo y Animación desde hace diez años. El trabajo de la institución fue inmenso y clave para la difusión con la organización de competencias en todo el país, campus, convocatorias e integración de la Selección Argentina. Actualmente cuenta aproximadamente dos mil federados.

“Siempre el baile o la gimnasia estuvieron más vinculadas a lo femenino que a lo masculino. Con el paso del tiempo esto se ha ido desdibujando. Desde la Federación siempre se trabajó mucho para romper con esa imagen. Nos llaman para hacer exhibiciones y  siempre nos fijamos en qué contexto mostrar el deporte. Muchísimas veces nos han llevado solamente para que hagamos un túnel con porras para nada. Somos deportistas”, comentó Vanina Ruffinatto, una de las propulsoras y secretaria de la organización.

Por su parte, Agustina Brischetto, quien formó parte de Las Boquitas (el equipo de porristas de Boca), fue cheerleader desde 2016 hasta 2019 de la franquicia de Miami Dolphins de la NFL, una etapa que calificó como “la mejor de su vida”. Sobre su experiencia, hizo hincapié en las diferencias culturales entre ambos países: “En Estados Unidos cada partido tiene un show deportivo y la gente va a vivir una experiencia. Además del juego, están las pantallas, la comida y  dentro de ese contexto las cheerleaders son muy importantes. Nosotras éramos las encargadas de representar al equipo, la organización y la marca. También íbamos a eventos para hacer caridad y beneficencia. Ese también es un rol muy importante. En Argentina, lo primordial es el juego y ya. Somos muy pasionales”, indicó la platense a De Taco.

Las Boquitas: un fin sin una clara razón

En 2017, Rocío Martín, manager de Las Boquitas, recibió una carta documento con una noticia desalentadora. La dirigencia de Boca decidió darle de baja a las actuaciones en la previa de los partidos de fútbol en la Bombonera. ¿El motivo? Brindar un mensaje de apoyo hacia la campaña #NiUnaMenos. La decisión de rescindir sus contratos las tomó por sorpresa: “Las chicas están ahí por elección. Van a hacer arte. Si se pide igualdad, empecemos por aceptar que la persona es libre de elegir lo que quiera”, comentó la manager.

El grupo se generó tras una propuesta del padre de Rocío, quien contaba con una agencia de modelos. Sin embargo, ella intervino para “darle una vuelta de 180 grados” al asunto. “En ese momento, las chicas usaban un vestuario que no era el adecuado por la exposición de sus cuerpos. Con muchísimo esfuerzo logramos trabajar sobre eso y cambiar el eje con una mirada súper responsable, aceptando que tanto chicas como chicos estaban ahí disfrutando de la experiencia”, explicó.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

¡Buen martes, boster@s! Y #QueVuelvanLasBoquitas 💙💛💙

Una publicación compartida de Las Boquitas (@lasboquitasoficial) el

“¿Quién cosifica a quién?”

Ana Dalmasso, periodista deportiva especializada en fútbol femenino y perspectiva de género, hizo hincapié sobre la necesidad de encontrar “el fin” de las cheerleaders: “Creo que las mujeres pueden tener la libertad de hacer lo que quieran y disfrutar su cuerpo y su pasión. Al fin y al cabo, no deja de ser un trabajo. Pero también me es difícil entender quién cosifica a quién y entender cuál es el fin o el objetivo de la decisión para que las mujeres ocupen ese espacio”, aseguró. Y se preguntó: “¿Se las tiene para entretener, para adornar? ¿O es otro espacio ganado por las mujeres en la lucha histórica de la desigualdad?”.