Su historia atraviesa al fútbol y a la sociedad. Con 23 años, logró hacer su sueño realidad: es la primera jugadora de fútbol trans en participar de un torneo de Primera División. Gambeteó circunstancias y prejuicios y sobrepasó la bronca y la ignorancia que las personas descargaron sobre su figura. Hoy, el mundo habla de ella.

Mara Gómez nació en el barrio de La Granja, en la ciudad de La Plata. Su mamá Carolina y su papá Osvaldo son oriundos de Chaco y se separaron cuando tenía ocho años. Es la mayor de sus hermanas y, en orden descendente le siguen Evelyn, Keyla, Kiara y Yamila. Actualmente vive con ellas, su mamá y el padrastro.

La vida de Mara comenzó cuando se percibió niña. Durante su infancia jugaba ocupando roles femeninos, lo que le generaba un enorme disfrute: “Yo no me ponía a pensar por qué quería ser la novia, pero me gustaba, lo disfrutaba. Naturalmente me salía jugar así”.  Nació en un cuerpo que nunca pudo habitar como propio. Se sentía diferente, y eso era algo que la alertó de manera rápida durante la primaria.

-¿Cuándo y cómo fue ese despertar en tu niñez?

-A los diez, once años me empecé a hacer preguntas, me gustaban algunos compañeros, me atraían. Además, hice teatro tres años en el colegio y era el momento en que disfrutaba de travestirme, ahí era donde me sentía yo. Me ayudaba a tapar lo que estaba empezando a sentir, era mi momento. El resto se reía de las cosas que yo hacía y de lo que me disfrazaba, pero para mí era hermoso ese espacio. Fue una etapa de muchas preguntas, empecé a tener sentimientos por varones. Me preguntaba si me gustaban realmente las chicas, si me estaba equivocando. Pero más de una vez sentí rechazo por ellas, por más que tuve una novia cuando era más chica. Fue ahí que empecé a comprender, y también a orientarme a lo femenino. Mi manera de sentir me llevaba hacia ahí.

Entró en la adolescencia con muchas dudas, pero con la seguridad de que el cuerpo donde había nacido, no la condicionaría a vivir una vida que no había elegido. Durante la primaria se presentaba al colegio vestida de varón y, de esa forma, se limitaba a transmitir lo que realmente sentía. Comenzaron las salidas con sus amigas cuando tenía 12 años, momento en el que decidió generar cambios: “Cuando me iba a cumpleaños a la noche salía de varón, y cuando llegaba a lo de mi amiga Ayelén me sacaba el pantalón porque abajo tenía un chupín, y hacía lo mismo con la remera porque tenía una súper ajustada al cuerpo. Me ponía delineador, me peinaba con ellas y nos íbamos a fiestas. Era mi momento de ser yo, Mara”. Y agrega: “Fue una etapa cargada de adrenalina. Antes de llegar a casa me sacaba el maquillaje y me tenía que vestir como mi mamá me había visto al salir. Sabía que si me veía con el delineador se complicaba todo”.

-¿Recordás esas sensaciones en las primeras salidas cuidando no ser descubierta?

-Muchas veces íbamos con mi prima Ivi a los cumpleaños. Ella también es trans, entonces me comprendía y me acompañaba siempre. Había gente que no me conocía, no se daban cuenta de que yo había nacido varón. Igualmente me daba miedo de que se enteraran y sentirme discriminada, miedo a no sentirme yo en ese momento. Estaba muy atenta y pendiente. Era una situación muy nueva.

-¿Y cómo surgió el nombre Mara?

-Al principio eran muchos nombres, siempre uno distinto: Valeria, Cecilia, siempre me cambiaba el nombre. Pero un día me dije que aunque sea quería tener un apodo, para tener siempre el mismo. Estábamos en la casa de Ivi lavando ropa y nos pusimos a pensar apodos. A ella se le ocurrió Maru, y yo le dije que me gustaba Mara. De un apodo terminó siendo mi nombre.

Ya con el nombre decidido y su identidad asumida, una noche fue al cumpleaños de una conocida. Apenas llegó, se le acercó un chico y comenzó a hablarle. Fue instantáneo el momento en que a Mara le gustó: “Era rubio, con los ojos claros y muy bonito. Se enganchó, estuvimos toda la noche besándonos. Pero yo sabía que en ese cumpleaños había gente conocida y tenía miedo de que él se diera cuenta de mi secreto”. La cumpleañera les sacó una foto y se la mostró. Ella le pidió que la borrara, pero no lo hizo.

-Finalmente, ¿qué pasó con esa foto?

-Esa chica conocía a un sobrino de mi tío. La foto llegó a él, me reconoció y se lo contó a mi mamá. Ella me preguntó si en la fiesta me había estado besando con un chico y le dije que no. Por dentro ya me daba cuenta de que estaba entregada.  ‘¿A vos te gustan los varones?’, preguntó. Le dije que no. Entonces me contó de la foto, que se la iban a mostrar. Ahí le dije que sí, que me gustaban los varones y que si no lo aceptaba me iba de casa. Empezamos a los gritos y lloramos. Enseguida entró mi padrastro y le dijo a mi mamá: ‘Era tu hijo y sigue siendo tu hija, salió de vos, de tu vientre y eso nadie lo va a cambiar. Son sus sentimientos y tenés que respetar’. Al mes ya estábamos hablando normalmente. Aprendimos las dos, yo a mostrarme como soy, y ella a tratarme con mi nueva identidad.

-¿Cómo fue tu vida de ahí en adelante?

-Empecé la secundaria. Iba a la escuela y me ponía delineador, llegaba a casa producida de la misma forma y mi mamá ya no me decía nada. Me acompañó durante todo mi cambio.  Se adaptó muy rápido y yo me mostraba cada vez más. Mostraba mis cambios día a día a la sociedad y en la escuela, que era mi segundo hogar. La discriminación siempre estaba, el bullying también. El problema era con los baños. Iba con las chicas al de mujeres, ellas no tenían problema, entrábamos todas juntas. Se adaptaron a mí, les daba igual, sabían de mis gustos, mi cambio. En un momento el director de la escuela me dijo que no podía entrar en el de mujeres porque querían evitar problemas con los padres o que alguien se queje. Les dije que, si ellos querían, hablaba con mi mamá para que resolviera la situación con un abogado. Me dieron el de discapacitados. Lo usé solamente una vez y me pregunté por qué debía hacerlo. Seguí entrando al de las chicas y ellos debían acostumbrarse a eso.

-¿Cómo entraste en el mundo del fútbol? ¿Qué encontraste ahí dentro?

-A los 15 años me cansé y creí que este mundo no iba a ser para mí, que no iba a tener oportunidades, porque cuando me presentaba en lugares con el CV, me miraban de arriba hacia abajo y me agradecían. Un día me agarró una locura, empecé a tomar puñados de pastillas, sin saber de qué ni para qué. Quería hacerme daño, pero nunca pude, nunca me hizo nada. Lo repetí tres veces. La última vez que intenté no vivir más fui caminando de noche hacia una avenida a pocas cuadras de casa y estaba decidida a lo que fuera. Justo me vio salir Adriana, mi vecina, y me siguió. Me sostuvo, me sentó en el cordón de la calle y hablamos. No podía parar de llorar, realmente no quería vivir más. Estuve unos días en la casa de ella, hasta que me sentí mejor y volví a la mía. Al poco tiempo me invitaron a jugar al fútbol en una cancha en frente de casa y era malísima porque nunca había jugado. Fui con intención de divertirme, pero me enganché. En varios lugares donde jugábamos no querían que jugara, que era una desventaja porque era un varón. En ese momento no sabía ni siquiera patear la pelota. El fútbol me hacía bien. Acá es donde se ve la ignorancia y el desconocimiento de la sociedad. Establecen que por ser una chica trans voy a generar ventajas sobre las demás y hoy hay quienes piensan igual.

A los 18, Mara decidió tramitar el cambio de género en su DNI. Y pudo hacerlo ya que, en Argentina existe la Ley de Identidad de Género desde el año 2012. Una vez obtenida, fue a probarse al club Toronto City que formaba parte de LIFIPA (Liga Infantil Fútbol Independiente Platense Amateur). Desde el momento que llegó, el entrenador y los directivos le comunicaron que ellos se harían cargo de su participación en el torneo, y que sería una más al igual que sus compañeras. Pasó por primera vez a formar parte de un plantel oficial. Luego vistió la camiseta de Iris, UOCRA, Cambaceres, Municipalidad de Ensenada y, en 2018, volvió a la Liga Amateur Platense para representar a Malvinas Argentinas.

En ese camino iniciado encontró a muchas personas que se oponían a su participación: “Mucha gente tenía una imagen sobre las chicas trans y yo estaba rompiendo con eso. Hay gente que hizo lo posible para que no jugara y ahora cuando nos enfrentamos me saludan y apoyan. También fue difícil romper con todos los paradigmas. Fue duro cumplir ese rol”, afirma.

-¿Cómo surgió la posibilidad de formar parte del torneo de primera división de AFA?

-El técnico de Villa San Carlos, Juan Vitale, me dijo que me quería del año anterior. Se presenta la semiprofesionalizacion del fútbol femenino y el club tenía problemas internos, así que quedamos en contacto pero se pospuso. Yo seguí en Malvinas donde estaba jugando. Los primeros días de enero de este año me llama de nuevo, me preguntó por mi situación. Le dije que me interesaba el desafío de estar en VSC, pero que si bien había otros equipos que me querían el tema era cuál se iba a hacer cargo, poner el pecho a la situación con todo lo que podía llegar a pasar. Y me dijo que me querían. Así que empecé a entrenar ahí, con otra compañera que también fue refuerzo. Cuando suben la foto a las redes, los medios locales levantan la noticia y viralizan. Nunca pensé que iba a tener tanta repercusión. Al otro día me desperté a tomar mate como cada mañana y me vi en la tele, y realmente no me lo esperé. No sabía cómo afrontar la situación. Yo fui a entrenar un lunes, esa noche ya estaba la noticia en las redes, y el miércoles me llamaron de Colombia y de Brasil. Una locura, no lo podía creer.

-¿Qué cosas aparecieron en ese momento por tu cabeza?

-Las cosas se dieron de a poco, yo no busqué estar en AFA y hoy me encuentro acá. Le tenía mucho miedo a estar en este lugar, pensaba que me iban a negar la oportunidad. Tener una familia, vivir sola, ser querida por alguien, esas cosas me hacían regular un montón, pero también me hicieron muy fuerte. Y sé que muchas personas no tienen la fortaleza y por eso terminan con su vida. Durante muchos años le tuve miedo a la muerte. Me despertaba durante la noche con miedo a morirme, hoy no le temo a nada.

Mara se rigió por los requisitos del Comité Olímpico Internacional para realizarse estudios que avalaran su inclusión en el deporte. Todo fue presentado oportunamente a la AFA y, luego de reunirse con Claudio Tapia (Presidente de la Asociación), fue habilitada de manera oficial para, al fin, cumplir su anhelo.

Esta historia es un precedente para el mundo del deporte en Argentina pero, además, un ejemplo de que los sueños pueden alcanzarse. Mara rompió paradigmas, derribó barreras y gambeteó prejuicios; nos mostró que la sociedad dio un paso hacia el futuro y que, con determinación y respeto, no hay imposibles.

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