Superliga Europea: dinero, poder y rebelión de los hinchas - De Taco | Abrimos el juego

Lo había anticipado el sabio de Arsene Wenger en 2009: “Las ligas nacionales sobrevivirán, pero quizás en diez años tengamos una liga europea“. Y así ocurrió, pero el plan fue derrocado en 48 horas (por ahora) y terminó con la rebelión de los hinchas genuinos, víctimas de la ambición que ostentan los propietarios de su club. El fútbol es un negocio y debe ser concebido como tal, aunque sin quebrantar su esencia: la competitividad, que según Florentino Pérez, se da cuando “los grandes” juegan entre ellos.

Pancartas en las afueras de Anfield, estadio del Liverpool. Foto: The Times.

Prefiero creer en la voz de los futbolistas, figuras ineludibles de este deporte, y desestimar el pobre concepto expresado por el presidente del Real Madrid. Según Mesut Özil, “los niños crecen soñando con ganar el Mundial y la Champions, no la Superliga”. El alemán también sostiene que “lo bonito de los grandes partidos es que solo ocurren una o dos veces al año, no todas las semanas”.

La codicia les explotó en la cara. Sin embargo, a pesar de la alegría compartida y el sentimiento triunfal, sólo se trató de una gran batalla ganada. Pero habrá más, porque el dinero gobierna y los intereses acompañan, caminan juntos de la mano como grandes aliados aguardando con ansias el próximo round.

El trampolín y escudo para salir al ataque fue la pandemia. Y si le sumamos la palabra ‘crisis’ logramos un plato caliente listo para servir un día antes de que la UEFA anuncie su nuevo formato de competición. ¡Aplausos! Efecto sorpresa e imposición. ¿Las consecuencias? Revuelo, indignación, repudio mundial y retroceso con la marcha atrás del Big Six, los seis integrantes ingleses involucrados (Liverpool, Manchester United, Manchester City, Arsenal, Chelsea y Tottenham).

Un torneo ideado por magnates y empresarios adinerados sustentado por un banco, con la presencia de equipos que se consideran potencias, jugando entre sí cada temporada, en modo ‘loop’, una y otra vez. Desborda el egocentrismo. Estos hombres actúan ‘en nombre de’ sin mediar las consecuencias. El daño está hecho y la mancha no se borra.

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