En diciembre de 2018 el sablista venezolano Eduardo Salgado se radicó en Buenos Aires debido a la difícil situación que se vive en su país de origen. Es el actual Campeón Argentino en su especialidad y está esperando obtener la nacionalidad para poder ser parte de la Selección de esgrima con vistas a los Juegos Panamericanos de Santiago de Chile 2023 y a los Juegos Olímpicos de París 2024.

Comenzó en el deporte desde pequeño, como excusa para entrar a estudiar al Liceo que su madre quería en Caracas. Y aunque la esgrima no estaba en sus planes, ya no hubo vuelta atrás: “Desde el primer día me enamoré de esto, nací para esto”, afirma el venezolano.

Una vez terminado el secundario empezó a estudiar Recursos Humanos, pero se le presentó la oportunidad de ir a entrenar a Hungría con Bence Szabó, una eminencia de la esgrima que estuvo en tres Juegos y ganó cuatro medallas olímpicas. Szabó había trabajado en Venezuela, pero debido a problemas con la Federación decidió volverse a su país: “Me llevó con él pero en un momento se acabaron los recursos y yo no podía seguir pagando. Pasar de entrenar en el más alto nivel a volver a Venezuela sin ningún tipo de posibilidades fue lo que me decidió a dejar el deporte en 2011”, confiesa Salgado.

Desde entonces se enfocó en lo laboral y consiguió un buen trabajo en el Metro de Caracas. Algo que jamás hubiera imaginado es que volvería a la competencia de alto rendimiento después de siete años y en otro país que no fuera el suyo. Quizás el destino o quizás su propio deseo, lo cierto es que trajo a la Argentina lo que le quedaba de su traje de esgrima.

-¿Por qué dejaste de practicar el deporte en Venezuela?

-Había muchos problemas entre las federaciones. Al principio no me daba cuenta porque era chico y lo único que me importaba era competir y la adrenalina. Cuando vas creciendo vas viendo ese tipo de inconvenientes con los entrenadores y los directores técnicos. Si no estás del lado de ellos no viajás; si no los apoyás, te sacan. Me desmotivó eso, ver personas con menos nivel y que les den el lugar. Ahí decidí dejar el deporte.

-¿Por qué elegiste Argentina?

-Cuando la situación en mi país se puso muy complicada porque el sueldo no me alcanzaba, pensé en venir. Fue de casualidad, mi pareja de aquel momento quería ir a Chile y para llevarle la contra preferí Argentina. Había algo me llevaba a venir para acá. Ya en Buenos Aires me acuerdo que pasé por Geba y me recibió un chico porque no había llegado el entrenador aún. El ambiente no me gustó, pero me acordé de una amiga de acá a la que había conocido en una competencia y podía preguntarle por el mejor club para hacer esgrima. Así fue como llegué a FUNDARES (Fundación Argentina de Esgrima).

“Cuando llegué a la Fundación un señor escuchó que me faltaba un sable. Me dijo que no me preocupara, que me iba a regalar uno. Recuerdo que tuve que aguantar el llanto. Estaba en otro país con miedo a ser rechazado y me recibieron de esa manera. Fue increíble”, rememora Salgado con emoción.

-¿Cómo te sentiste cuando volviste al deporte en FUNDARES?

-La invitación fue a que me despeje de mis problemas, yo avisé que hacía mucho que no competía. Me presentaron al maestro Lucas Saucedo y me dijeron que empara a tirar. Tenía unos nervios de punta, casi como si fuera una final olímpica.  Empecé con los chicos para entrar en calor y después con los grandes. Tenía sobrepeso, estaba fuera de condiciones físicas. Ahí es cuando el maestro vio que tenía talento y me dijo: “Tenés una buena base de esgrima, ¿qué tenés pensado hacer acá?“

Y así empezó el proyecto, me dijo que me podía meter en la Selección pero que para eso tenía que lograr resultados.

-¿Por qué querés representar a la Argentina?

-Me gustaría hacerlo en agradecimiento. Venezuela es esa madre que me trajo a la vida, pero Argentina me terminó de criar, me dio las enseñanzas y me abrió las puertas. Qué mejor que yo para llegar a lo más alto del podio. Para mí fue volver a nacer porque nunca me imaginé que iba a volver a competir en el alto rendimiento. El objetivo es llegar a los Juegos Olímpicos de París 2024.

No todo es fácil para Salgado, ya que debido a la pandemia se suspendieron las clases de esgrima que daba en la Fundación. La situación actual también lo golpeó: “Tuve que empezar a trabajar de delivery, me compré la bicicleta y estoy con eso todo el día. Es muy difícil porque al momento de entrenar el desgaste físico es muy fuerte, pero ahora no me queda otra. Tuve un accidente, me robaron la bicicleta en el centro y me fracturé un dedo en el forcejeo. Pude recuperar la bici, pero estuve quince días con yeso aunque nunca dejé de entrenar”.

En 2019, Salgado fue elegido por el COA como ‘esgrimista del año’. Foto IG @eduardosalgadoven

REQUISITOS PARA OBTENER LA NACIONALIDAD ARGENTINA

Los atletas deben tener el pasaporte argentino para poder representar al país como delegación a nivel internacional. La Federación de Esgrima y el Comité olímpico presentaron una carta expresando lo importante que es Eduardo para el equipo argentino, pero aún así el juez dictaminó que debía tener dos años de residencia para poder aprobar la nacionalidad.

“En diciembre se cumplieron los dos años y volvimos a insistir. Todos los días me levanto pensando en que el abogado me escriba para contarme alguna novedad”, cuenta ilusionado el sablista.

El atleta, que fue nombrado por el COA como ‘esgrimista del año’ en 2019, sigue entrenando día a día con la mente puesta en su objetivo: conseguir la nacionalidad para poder acceder a una beca que le permita poder estar más tranquilo desde lo económico y poner toda su energía en comenzar su ciclo olímpico que lo lleve a una clasificación para Paris 2024.

DEPORTISTAS NACIONALIZADAS ARGENTINAS

En Argentina existen varios antecedentes de deportistas nacidos en el extranjero que decidieron ponerse la celeste y blanca. Iryna Khokhlova, Natalia Méndez y María José Vargas son tres de las atletas que consiguieron la nacionalidad argentina.

Vargas y Méndez son jugadoras de racquetball y nacieron en Bolivia. Ambas se nacionalizaron debido a las condiciones que les ofrecía el Enard como representantes de nuestro país. Becas, mayor tecnología y atención médica de primer nivel son algunas de las características que resaltan estas atletas nacidas en Santa Cruz de la Sierra y que ganaron las medallas de plata y bronce respectivamente en los últimos Juegos Panamericanos de Lima.

El caso de Irina Khokhlova es aún más particular. La ucraniana compitió para su país en pentatlón moderno en Londres 2012, pero en Río 2016 lo hizo para Argentina. ¿Por qué?

En 2014 estalló la Guerra de Donbás, en la que las provincias de Donetsk y Lugansk se autoproclamaban independientes con respecto al gobierno de Ucrania. Esto desató un problema para Khokhlova, quien carecía de apoyo para poder seguir representando a su país.

Ese año se casó con Emmanuel Zapata, un pentatleta argentino que había conocido en 2011. A partir de esto la ucraniana tramitó la nacionalidad argentina y así pudo decir presente en Río 2016 bajo bandera argentina.

Nacionalizarse para competir y representar a un país diferente del de nacimiento es moneda corriente en el deporte de alto rendimiento, en algunos casos con resultados escandalosos como el subcampeonato mundial de handball obtenido por Catar en 2015, prácticamente sin jugadores nacidos en su país. Aunque cada situación es particular, es un tema que provoca algunos interrogantes: ¿Es justo? ¿Debería haber restricciones? ¿Atenta contra el olimpismo? ¿Qué pasa con los refugiados?

El debate está planteado, ya que están en juego nada más ni nada menos que la identidad, la nacionalidad y la bandera.

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