Seguramente nunca imaginó cuando eligió la halterofilia en su adolescencia para “ser más masculino”, que este deporte le permitiría convertirse en la primera atleta transgénero en participar de unos Juegos Olímpicos.

La pesista neozelandesa Laurel Hubbard está matemáticamente clasificada a Tokio 2020 tras un cambio en la reglamentación derivado de la pandemia. Debido a la imposibilidad de cumplir con el calendario internacional, se determinó que son cuatro en lugar de seis la cantidad mínima de competencias en las que deben haber participado los pesistas para clasificar. Por esto mismo, y porque el ránking -donde ocupa el 17mo lugar en la categoría superpesado (+87kg)– cierra el 30 de mayo, ya nadie podrá sumar los suficientes puntos para arrebatarle su cupo.

“No estoy aquí para cambiar el mundo, solo quiero ser yo misma”, aseguró Hubbard en una entrevista en 2017. Venía de ser subcampeona mundial y fueron numerosas las voces que se alzaron en contra de su participación en torneos de élite. En esa misma oportunidad y al ser consultada por las críticas que recibía, explicó que prefería ignorarlas: “Si trato de sumar la carga que ponen los demás a lo que hago, lo único que logro es hacer los levantamientos más complicados. Así que lo único que puedo hacer es enfocarme y levantar las pesas”.

“Cuando a la gente se le muestra algo nuevo y diferente a lo que conocen, se ponen a la defensiva instintivamente. No es mi trabajo cambiar lo que la gente piensa, siente o cree”, sostuvo.

Nacida en 1978, Hubbard es hija de un reconocido empresario que además fue alcalde de Auckland entre 2004 y 2007. Empezó en la halterofilia porque lo consideraba un deporte de hombres: “Pensé que si intentaba algo tan masculino me podría convertir en eso, pero no fue el caso”, confesó en aquella entrevista concedida en 2017. Dejó el deporte en 2001 porque sentía que la presión de tener que vivir como hombre “era demasiada”.


En 2018 había hecho historia al ser la primera deportista transgénero que competía en los Juegos de la Commonwealth.
No pudo completar su participación por una grave lesión en el codo, de la que se repuso para ser sexta en el Mundial de 2019.

Y ahora, está llamada a seguir reescribiendo las páginas del deporte cuando haga su debut en Tokio 2020. En 2015 el Comité Olímpico Internacional determinó que aquellos deportistas que hayan hecho la transición de hombre a mujer y deseen participar en la categoría femenina, son elegibles si registran un nivel de testosterona inferior a los 10 nanomoles por litro de sangre en los 12 meses anteriores a la competencia en la que se inscriban. Quienes transicionen de mujer a hombre no tienen ningún impedimento para competir.

La reglamentación anterior, votada en Estocolmo en 2003, establecía que los y las deportistas transgénero debían que someterse a una cirugía de reasignación de sexo, hacer terapia hormonal por un mínimo comprobable de dos años y tener un documento de identidad que avale el cambio de género para poder competir en la categoría de su género autopercibido.

Hubbard realizó su transición en 2013. Además de ser la primera atleta transgénero en participar de unos Juegos, la neozelandesa se convertirá, con 43 años, en la pesista de mayor edad en una cita olímpica. Sus registros históricos la posicionan en cuarto lugar entre las clasificadas, por lo que las chances de subirse al podio son concretas.

Otras dos deportistas trans que estuvieron en el radar para hacer su debut en Tokio fueron la brasileña Tiffany Abreu (voleibol) y la estadounidense Chelsea Wolfe (BMX), aunque a menos de tres meses del inicio de los Juegos, sus posibilidades son mínimas. La participación de Hubbard, en cambio, está garantizada.

Si llegaste hasta acá y te gusta nuestro contenido, te invitamos a visitar nuestra tienda con la que financiamos y bancamos la autogestión de De Taco 👉 TIENDA