El reloj marca que quedan menos de seis segundos para que termine el partido. Con el tanteador igualado en 87, la basquetbolista estadounidense Sabrina Ionescu, jugadora de New York Liberty, le pasa la pelota a una compañera, que se la devuelve para que tome el último tiro. Ionescu mete un triple y sentencia la victoria para su equipo ante Indiana Fever.

Esta escena ocurrió en el inicio de una nueva temporada en la WNBA, la liga de básquetbol femenino más competitiva del mundo. Había -y hay- muchas expectativas sobre lo que puede hacer Ionescu, un talento excepcional de los que llegan para marcar épocas. Y fue necesario esperar nueve meses para volver a verla en acción.

 


Nacida en California el 6 de diciembre de 1997, solo 18 minutos antes que su mellizo Eddy, Ionescu empezó a jugar al básquetbol a los tres años. Su padre Dan, un inmigrante rumano llegado a Estados Unidos en 1989, había logrado fundar con mucho esfuerzo una empresa de limusinas. Su trabajo era muy demandante y en una entrevista aseguró que llevó a sus hijos a practicar deporte “para cansarlos y relajarse viendo un poco de televisión”.

Ya en edad escolar, Ionescu se las tuvo que rebuscar para seguir jugando. En su escuela no había suficientes jugadoras para armar un equipo femenino, por lo que los directivos le sugirieron “jugar con muñecas” en lugar de insistir con el básquet. Su deseo era tan fuerte que se ocupó ella misma de armar una plantilla para poder competir.

Al mismo tiempo, jugaba con varones y en alguna oportunidad confesó que eso le permitió mejorar su capacidad para capturar rebotes, ya que nunca querían pasarle la pelota y debía rebuscárselas para poder tenerla. Además, y gracias al hecho de haber jugado en categorías mayores a las que le correspondían por edad, pudo perfeccionar sus asistencias porque consideraba que era la única manera en la que su juego podía generar algún impacto.

Pero la verdadera revolución protagonizada por esta jugadora se dio en la liga universitaria. Jugó para las Oregon Ducks, a quienes regresó a la competencia nacional de la NCAA tras 12 años de ausencia. Lideró todas las estadísticas y rompió récords. Superó la marca de 2000 puntos, 1000 rebotes y 1000 asistencias, más que ningún otro jugador (mujer u hombre) en la historia de la División I de la NCAA. También encabeza la tabla de triples dobles (más de 2 dígitos en tres de las categorías que se computan) con 26 en 131 partidos.

Cada vez había más espectadores (no solo cuando eran locales, también cuando jugaban de visitantes) para poder observar a esta extraordinaria jugadora en vivo. Cuando llegó a la universidad se vendían unos 1500 tickets promedio por partido, registro que aumentó temporada tras temporada hasta llegar a las más de 10000 entradas en su último año.

 

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Tan grande era el furor que hasta Gianna Bryant, la hija de Kobe -ambos fallecidos en un accidente en enero de 2020-, le pidió a su padre que la llevara a conocerla. Ionescu fue una de las pocas personas que habló en el memorial de Bryant, por pedido expreso de su mujer -y madre de Gianna- Vanessa. Se habían hecho muy cercanos, tuvieron la posibilidad de entrenar mano a mano y Sabrina asegura que solía recibir consejos del exjugador. Hace poco confesó que todavía le manda mensajes, “aunque ya no esté aquí”.

LeBron la llama ‘The Queen’ (la reina), y Stephen Curry, con quien son amigos, declaró que “esa competitividad natural que tiene no es algo que se pueda enseñar”.

La empresa Nike -de fuerte vínculo con Oregon, donde fue fundada y tiene su sede principal- no fue ajena al fenómeno. Si bien el básquetbol universitario es amateur y no está permitido firmar contratos de sponsoreo, sacaron al mercado una camiseta sin el nombre pero con el número (20) de Ionescu, y los colores de la universidad. Se agotó en poco más de una hora…

En 2020 dio el salto al profesionalismo. Fue elegida en la primera posición del draft por New York Liberty, una de las ocho franquicias originales de la liga. El equipo disputó cuatro finales de la WNBA -la última en 2002-, aunque nunca logró alzarse con el título. Hace tres temporadas que no logran clasificar a los Playoffs.

La ilusión por contar con Ionescu en sus filas duró poco, ya que en agosto del año pasado y después de disputar solo tres partidos, la jugadora se lesionó y no pudo regresar a las canchas.

Hasta la semana pasada, cuando tomó aquel tiro para lograr una ajustadísima victoria en el debut, pero, sobre todo, confirmar que pide pista para iniciar una nueva era en el básquet femenino.

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