El 17 de octubre de 2009 ocurría un hecho singular en el Estadio de la Luz. Por la novena fecha de la Premier League, Sunderland recibía al Liverpool. El partido finalizó 1 a 0 a favor del equipo local, todo gracias a un gol marcado por… ¡una pelota de playa!

La tribuna donde se ubicaron los hinchas visitantes se encontraba repleta. En aquella ocasión, los ocupantes fueron los hinchas del Liverpool. El frotar de manos dejaba entrever que el frío se hacía sentir. El verano ya había pasado: era tiempo de abrir el armario, descolgar la gran campera roja y la bufanda a tono.

La voz del estadio anunció las alineaciones. Algunos escuchaban atentamente, mientras que otros comentaban sobre la irregular campaña del Liverpool. Restaban apenas unos pocos minutos para que el cóctel de emociones que se produce posterior al pitido inicial se hiciera presente.

El ambiente comenzó a vibrar con los primeros cánticos. El repertorio incluía lo de siempre: “We won it five times” y “Poor Scouser Tommy”, entre otros. Las bufandas en alto balanceándose de un costado a otro y el famoso “You´ll Never Walk Alone” indicaron el ingreso del equipo. Ya estaba todo listo.

El encuentro comenzó. Sólo se podían escuchar unos pocos aplausos que se esfumaron con el correr de los minutos. Muchos, sin dar importancia al partido, dirigieron la vista hacia un adolescente que, con una sonrisa plasmada en su rostro y excesivo entusiasmo, lanzó al aire una pelota de playa color rojo.

Las miradas permanecían centradas en la trayectoria del balón inflable, que parecía brincar como un conejo travieso. Y así es como se coló casi por detrás del arco que en el primer tiempo custodiaba José Reina. Reposó allí durante unos segundos, hasta que una ráfaga de viento produjo que se desplazara con sigilo hacia el área chica. Algunas caras comenzaron a mostrar signos de preocupación al imaginar que se podría transformar en un jugador más.

En un abrir y cerrar de ojos, el más temido pensamiento se hizo realidad: aquél nuevo visitante que acababa de entrar dio un magnífico pase a la red.

El joven no podía creer lo que había ocurrido. Las lágrimas inundaron su cara. Muchos le daban una palmada en la espalda… otros pocos, se dedicaron a insultarlo.

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