Especular en un Juego Olímpico tiene sus riesgos. Lo sabe perfectamente el exnadador alemán Thomas Fahrner, quien en Los Ángeles 1984 y estableciendo un nuevo récord olímpico en los 400 metros libre, apenas fue noveno. Fahrner, a sus 21 años, era uno de los favoritos para quedarse con la prueba. Tan bien se sentía que tomó la decisión de regular su ritmo en las series eliminatorias para poder ocupar uno de los andariveles laterales en la final A. Pero calculó mal y su tiempo apenas le alcanzó para clasificar a la final B.

Con un registro de 3m 50seg 91 nadó más rápido que quien terminó siendo el campeón olímpico de la prueba, el estadounidense George DiCarlo (3m 51seg 23). Le quedó como premio consuelo el haber fijado un nuevo récord olímpico. Más allá de este traspié y de perder la oportunidad única de pasar a la historia como campeón olímpico, el alemán logró subirse al podio en la máxima competencia deportiva mundial en tres ocasiones: también en Los Ángeles 84 fue medallista de bronce en los 200m libre y de plata en los relevos 4 x 200m libre, prueba en la que volvió a ocupar el tercer lugar junto a sus compañeros en Seúl 88.

Si bien se trató de un escenario nada habitual, la falta de competencia y los parates en los entrenamientos, las posibles descalificaciones por contagios de COVID -entre otras particularidades que tendrán los próximos Juegos-, seguramente conviertan a Tokio 2020 en un terreno fértil para que se den este tipo de situaciones insólitas.

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