En el mejor momento de su carrera, cuando ya era número uno del mundo y tenía ocho títulos de Grand Slam, Monica Seles vivió uno de los momentos más duros en la historia del tenis: el 30 de abril de 1993, un fanático alemán saltó desde las gradas y la apuñaló por la espalda como venganza por ‘sacarle’ a Steffi Graf el máximo lugar del ranking. La yugoslava, que en ese entonces tenía 19 años, sostenía una ventaja de 6-4 y 4-3 frente a la búlgara Magdalena Maleeva en los cuartos de final  del torneo de Hamburgo. Durante el descanso entre games, Günter Parche burló los controles de seguridad y la agredió. 

No entendía qué estaba pasando. Durante un momento me senté en mi silla, totalmente petrificada, mientras dos personas devolvieron al hombre de un empujón a la grada. Había hundido el cuchillo unos cuatro centímetros en mi espalda, en la parte superior izquierda, a unos milímetros de la columna vertebral. Me caí de la silla, retrocedí un par de pasos y me desplomé en las manos de un hombre que había entrado en la pista para ayudarme”, relató Seles en su autobiografía llamada “Monica, From Fear to Victory” (“Del miedo a la victoria”). 

Aquel suceso marcó un antes y un después en la carrera de la nacionalizada estadounidense e impulsó varios cambios en temática de seguridad para espectáculos tenísticos. Una semana después del ataque, se abrió el debate: ¿Se debía congelar su ranking hasta que regresara a las pistas? A partir de esto, la WTA reunió a 17 de las 25 mejores jugadoras del mundo para que definieran el asunto mediante una votación. Años más tarde, Seles confesó que sólo una tenista la apoyó: “Todas votaron en beneficio propio (en contra), excepto Gabriela Sabatini, que se abstuvo. Me dolió mucho cuando me enteré, aunque desde un punto de vista comercial no me sorprendió. Subir una simple posición significa más dinero y nuevos sponsors, así que la gente ganaría más estando yo fuera”.

Seles logró ocho títulos de Grand Slam antes de los 20 años. (Foto: Getty)

Ese gesto significó una inmensidad para Monica Seles. En 2015, días antes de enfrentar a Sabatini en una exhibición en el Madison Square Garden de Nueva York, se refirió a la argentina con cariño: “Le tengo mucho respeto y la aprecio. Ella pensó como persona y no en los sponsors ni en el negocio. Es diferente al resto de las jugadoras que estaban en el tour, es muy humana y tiene valores“, dijo. Gaby, por otra parte, nunca dudó en su decisión: “Siempre pensé en el ser humano. Para mí terminaba el partido y éramos compañeras. No lo veía de otro modo”, aseguró.

Ese acompañamiento fue casi como un abrazo para una Monica, quien no la estaba pasando para nada bien: dos semanas después del episodio, su padre fue diagnosticado con cáncer de próstata. El cúmulo de malas noticias derivó en problemas de ansiedad, trastornos alimenticios y dudas sobre volver a jugar. No fue fácil levantarse y salir a flote, pero el tenis era su vida y por eso decidió comenzar un tratamiento psicológico. Luego de un año y medio de rehabilitación, volvió a demostrar que su gran nivel seguía ahí y ganó el Masters de Montreal en Canadá. Las expectativas eran altas, pero nunca volvió a ser la misma. Hasta su retiro, el 15 de febrero de 2008, obtuvo un título de Grand Slam: el Abierto de Australia 1996. Además, ya representando a Estados Unidos, consiguió la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000. Décadas después del accidente, Martina Navratilova habló por todos: “No tengo dudas de que este hombre modificó la historia del tenis”.